Este año ha sido mi primer año de universidad. Es algo que llevaba toda mi vida esperando, para qué nos vamos a engañar. Ha sido un año bastante desordenado, la verdad. Por ejemplo, Marytetas y yo ya no somos. No os preocupéis por mí, a veces la echo de menos, pero más o menos lo tengo superado. A fin de cuentas, fue ella la que se enfadó, la que no quiso escuchar nada de lo que tenía que decirle. Estoy libre de toda culpa. Cuchi... Bueno, con Cuchi estaba todo ya bastante mal, en primero de bachillerato resultó que sentía por mí algo que yo no estaba segura de corresponder. Y luego, cuando todo volvió a algo que se parecía mucho a la normalidad no entendía que yo no tuviera tiempo para estar todo el día en el messenger, y como a penas podíamos vernos pues... En fin, que se enfadó bastante, y aunque hemos intentado algunas medicinas de emergencia creo que no hay nada que hacer. Y ¿sabéis? Eso sí que me jode, porque siento que sin tener la culpa los dos somos culpables. Y me gustaba hablar con él... Bedobleuve está con Marytetas, lo cual dificulta bastante nuestra relación, que siempre se ha basado en el tiempo que pasábamos juntos, por las redes sociales nunca ha sido demasiado charlatán. Esto me jode aún más, porque ya estamos con esa tontería de si hablas con ella no estás en mi bando. ¿Cuándo empezó a ser todo una guerra? Los consejos de Bedobleuve no tenían rival... Bueno, parece que ha sido un año de perder gente....
Pero no os preocupéis, Drii ha vuelto a mi vida (con nuestros más y nuestros menos, ya sabéis que nos parecemos demasiado) y siguen en ella JotadelaUve y Efe, aunque con el segundo no sea todo como solía ser cuando cantábamos y bailábamos Danza Kuduros borrachos hasta la muerte (creo que de ellos dos nunca os he hablado). Y por supuesto, todo va bien con mi persona favorita entre mis humanos favoritos. Además, no he pasado por la universidad sin llevarme cosas, personas, positivas de ella.
Por ejemplo, A. Creo que al principio nuestra conversación se basaba en Eme. Ya recordáis a mi mejor Eme, pues resulta que él y A se conocen por ese deporte que Eme no puede dejar de practicar. Hasta quedamos los tres juntos un día para ir al Expotarta. A parte del baloncesto, tienen en común su devoción por la comida (una devoción que, por cierto, no cualquiera puede permitirse). A vive muy cerca de mi casa, entonces ahora que soy conductora (la verdad que os habéis perdido grandes cambios en mi vida, siento haber abandonado esto) pues le he llevado muchas veces a casa. Lo malo de A es que no cree en el amor, hasta que el amor le demuestre lo contrario. Y Jotados piensa como él. Pero no os preocupéis, aún hay esperanza para ellos. Ambos creen en el amor, pero dicen que no para autoprotegerse, igual que yo construyo muros de contención para evitar que entren todos aquellos que no van a aportarme nada positivo. En realidad, son privilegiados, porque como le dije a A una vez "no le concedo a cualquiera mi amistad".
Me gusta pasar el tiempo con ellos, aunque, vamos a ver... Siendo claros, creo que son los dos hombres que más hablan y degradan el concepto de sexo (al menos el que yo tengo) de todos los hombres que conozco. Ya sabéis, yo si no es con amor pues como que no. Y ellos solo tienen el criterio de la belleza. Y bueno, no voy a seguir por ahí, es solo que me paso el día poniendo caras de esas de notienenremedio. Pero por lo menos aprecian la verdad tanto como yo, al menos Jotados, A nos relata sus procesos de mentir a veces x)
Yo solo espero que sea verdad eso de que los amigos de la universidad son para toda la vida. Y si es mentira, espero que aguanten 4 años más. Ah, un día escribiré un libro que se llamará "todos los hombres de mi vida".
Pd: sé que me despedí de este blog, pero tenía que incluirles en el apartado. Parece que es el único que consigo mantener con vida.
martes, 5 de junio de 2012
jueves, 22 de marzo de 2012
Son grandes despedidas
Esto lleva mucho tiempo estancado... la verdad es que lo siento por todos los que me leíais, pero supongo que la idea del blog terminó difuminándose y tampoco conseguía sacar tiempo para él...
De todas maneras, si aún queréis leérme, este es el blog con el que más tiempo llevo y mantengo:
Por otro lado, estoy haciendo un proyecto para la uni, algo que me tiene muy ilusionada y... Bueno, quizás os interese:
Muchas gracias a todos los que me habéis leído y nos vemos en mi otro blog!
jueves, 5 de mayo de 2011
Miedo número DIECIOCHO
Te levantas una mañana y te paras a pensar en lo deprisa que pasa el tiempo.
- ¿Cuántos años hace?
- ¿Cuántos años hace de qué?
Quien te viera diría que estás loca, hablando tu sola de cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que te diste cuenta de que el tiempo pasaba rápido. O quizá desde la última vez que viste a aquella que, sin lugar a dudas, iba a ser tu mejor amiga siempre y no has vuelto a ver. O quizá desde la última vez que te hiciste una chuleta para un examen. O mejor, mejor, desde la última vez que te juraste a ti misma, Dios y el mundo entero que no volverías a enamorarte.
- Y aquí me veo, ¡enamorada de la vida!
- No, de la vida no, de Jaime.
¡Loca, más que loca! Loca por no ser como los demás, por pensar que tú sola podías cambiar el mundo y acabar con las injusticias.
- ¿Quién te crees, Platón cuando escribió la República?
- Qué me dejes en paz con tu negatividad.
Siempre las dos vocecitas de la mente que no se callan. ¿Creéis que cuando se es adulto se consigue apaciguarlas? Bueno, antes de eso debería saber cuándo se es adulta, porque, sinceramente, llevo cinco meses en esto de la mayoría de edad y yo no noto una madurez potencialmente notable. Quiero decir, vale, puedo votar y comprar alcohol, hasta ir a la cárcel, pero... ¿Y eso qué? No te levantas la primera mañana de tus dieciocho y de repente eres responsable, tienes una cuenta de ahorros en el banco y sabes hacer una declaración de la renta. Incluso te lamentas.
- Y ahora, ¿me cerrarán las puertas de Nunca Jamás?
- Claro, y las del Cielo, no te jode.
- No quería los dieciocho...
- Estabas deseando llegar a ellos. "Mi eterna libertad", que los solías llamar.
- No estoy preparada...
- ¿Preparada para qué?
- Para la mayoría de edad, dar la talla, estar a la altura, ser adulta, comportarme, tomar decisiones importantes de verdad, darme cuenta de lo que llaman verdaderamente importante, entender todas aquellas cosas que un día me dijeron "cuando seas mayor lo entenderás", y mucho menos, como dice la profesora de inglés "get marry, buy a house and be mother".
Aquí hay, principalmente, un problema de mentalidades. O de cultura. O de hábitos. El caso es que yo quiero seguir con mis películas de dibujos, mis peluches en la cama (por mucho que a mamá le pese), mis chupa chups, mis sueños, fantasías, ilusiones...
Admitamos que, llega un momento en que es necesario madurar, al menos si queremos que alguien nos soporte, pero tampoco de golpe. Y mucho menos según el concepto que tienen hoy en día de madurar (dejar de tener ilusión por las cosas).
- ¡Qué de cosas me ha dado tiempo a pensar esta mañana!
Piensas antes de montarte en el coche. Y, de repente...
- ¿Cuándo has dejado de pensar que tú sola podrías cambiar el mundo?
>>Juraría que eso era lo que más te gustaba de ti...
- ¿Cuántos años hace?
- ¿Cuántos años hace de qué?
Quien te viera diría que estás loca, hablando tu sola de cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que te diste cuenta de que el tiempo pasaba rápido. O quizá desde la última vez que viste a aquella que, sin lugar a dudas, iba a ser tu mejor amiga siempre y no has vuelto a ver. O quizá desde la última vez que te hiciste una chuleta para un examen. O mejor, mejor, desde la última vez que te juraste a ti misma, Dios y el mundo entero que no volverías a enamorarte.
- Y aquí me veo, ¡enamorada de la vida!
- No, de la vida no, de Jaime.
¡Loca, más que loca! Loca por no ser como los demás, por pensar que tú sola podías cambiar el mundo y acabar con las injusticias.
- ¿Quién te crees, Platón cuando escribió la República?
- Qué me dejes en paz con tu negatividad.
Siempre las dos vocecitas de la mente que no se callan. ¿Creéis que cuando se es adulto se consigue apaciguarlas? Bueno, antes de eso debería saber cuándo se es adulta, porque, sinceramente, llevo cinco meses en esto de la mayoría de edad y yo no noto una madurez potencialmente notable. Quiero decir, vale, puedo votar y comprar alcohol, hasta ir a la cárcel, pero... ¿Y eso qué? No te levantas la primera mañana de tus dieciocho y de repente eres responsable, tienes una cuenta de ahorros en el banco y sabes hacer una declaración de la renta. Incluso te lamentas.
- Y ahora, ¿me cerrarán las puertas de Nunca Jamás?
- Claro, y las del Cielo, no te jode.
- No quería los dieciocho...
- Estabas deseando llegar a ellos. "Mi eterna libertad", que los solías llamar.
- No estoy preparada...
- ¿Preparada para qué?
- Para la mayoría de edad, dar la talla, estar a la altura, ser adulta, comportarme, tomar decisiones importantes de verdad, darme cuenta de lo que llaman verdaderamente importante, entender todas aquellas cosas que un día me dijeron "cuando seas mayor lo entenderás", y mucho menos, como dice la profesora de inglés "get marry, buy a house and be mother".
Aquí hay, principalmente, un problema de mentalidades. O de cultura. O de hábitos. El caso es que yo quiero seguir con mis películas de dibujos, mis peluches en la cama (por mucho que a mamá le pese), mis chupa chups, mis sueños, fantasías, ilusiones...
Admitamos que, llega un momento en que es necesario madurar, al menos si queremos que alguien nos soporte, pero tampoco de golpe. Y mucho menos según el concepto que tienen hoy en día de madurar (dejar de tener ilusión por las cosas).
- ¡Qué de cosas me ha dado tiempo a pensar esta mañana!
Piensas antes de montarte en el coche. Y, de repente...
- ¿Cuándo has dejado de pensar que tú sola podrías cambiar el mundo?
>>Juraría que eso era lo que más te gustaba de ti...
La importancia de las cosas que no importan
de mis miedos.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Esa persona existe, y hoy cumple 17 años
Existe, esa persona que todos buscamos existe de verdad; hoy hace diecisiete años que abrió por primera vez sus ojos marrones. Y por eso voy a hablaros un poco de él, porque creo que merecéis saber que existe una persona tan alucinante y, ya de paso, moriros un poco de envidia por ser yo la afortunada que le tiene en su vida.
No sé muy bien por dónde empezar, así que lo haré por el principio, por esa primera vez que le vi. ¿Creéis en el amor a primera vista? ¿No? Yo tampoco, y sin embargo, cuando le vi, sentí algo. Y no sé si fue la intensidad del marron de sus ojos o la fuerza de su mirada, el tono de su voz o la fuerza de sus palabras, la gracia de sus gestos o el tacto de su piel dándome la mano por primera vez o qué fue; pero solo era capaz de mirarle con fascinación y pensar "es él". Es él, es él, es él ¿qué, qué? Ni yo lo sabía, pero fue como encontrar aquella sonrisa que llevaba imaginando más de mil vidas. Ya sabéis, dicen que cuando conoces a esa persona, lo sabes, y que además lo sientes. Crees que lo has visto todo, que tienes toda tu vida bien organizada y estructurada, y de repente aparece un guapo de esos de desmayarse y no sabes que has hecho con los esquemas que llevaban el contro de tu vida hace unos segundos.
Pero de esa primera vista a como es la persona en realidad hay mucho, y tu idea de esa persona puede cambiar totalmente. Me costó admitirlo, pero a él no le costó nada enamorarme. Sin irremedio, incondicionalmente, con todas mis fuerzas y hasta el borde de la locura, más allá de él, donde los deseos se hacen realidad y la realidad parece el mundo que hay al otro lado del arcoiris. Porque al conocerle, en vez de pasarme como todos decían que pasaría (que me daría cuenta de que no me merecía, que era malo y no sé qué y no sé cuántos) descubrí una existencia absolutamente superior a todo lo que conocía hasta el momento. Quedé fascinada ante su genuino ingenio que entraba por mis oídos como una aletargante melodía. Él no lo aparentaba, pero yo vi su lado más íntimo, el más sensible, y quedaba como una estúpida cada vez que frente a los demás demostraba ser todo lo contrario. Humano, humanísimo, una persona que nunca ha tenido miedo a mostrarse tal y como es frente a mí. Un radar, un detector de tristezas o algo así tiene, porque, mágicamente, siempre que necesitaba su voz me llamaba. Y cuando no admitía necesitarlo pero mi corazón gritaba como si le fuera la vida en ello su nombre, también. Desde que le conozco no he sido capaz de encontrar una palabra mejor para expresar el amor, la ternura, la amistad, la lealtad, la comprensión, la complicidad, la felicidad, la sorpresa, la ilusión, la esperanza, la motivación, la fuerza, el ímpetu, el esfuerzo, la entrega, el todo: la vida. Jaime, ese es nombre.
No os he hablado antes de él, quizá por miedo, quizá por orgullo; pero hoy quiero hacerlo. Quiero que todos sepáis que es hoy de hace diecisiete años cuando él llegó a este mundo y lo llenó de buenos motivos con el simple sonido de su risa. Y por compartir conmigo todo lo que comparte, por quererme y dejarme quererle, le doy las gracias.
Sí, existe, mi persona favorita de mis humanos preferidos existe. ES ÉL.
¡FELICIDADES BONITO!
No sé muy bien por dónde empezar, así que lo haré por el principio, por esa primera vez que le vi. ¿Creéis en el amor a primera vista? ¿No? Yo tampoco, y sin embargo, cuando le vi, sentí algo. Y no sé si fue la intensidad del marron de sus ojos o la fuerza de su mirada, el tono de su voz o la fuerza de sus palabras, la gracia de sus gestos o el tacto de su piel dándome la mano por primera vez o qué fue; pero solo era capaz de mirarle con fascinación y pensar "es él". Es él, es él, es él ¿qué, qué? Ni yo lo sabía, pero fue como encontrar aquella sonrisa que llevaba imaginando más de mil vidas. Ya sabéis, dicen que cuando conoces a esa persona, lo sabes, y que además lo sientes. Crees que lo has visto todo, que tienes toda tu vida bien organizada y estructurada, y de repente aparece un guapo de esos de desmayarse y no sabes que has hecho con los esquemas que llevaban el contro de tu vida hace unos segundos.
Pero de esa primera vista a como es la persona en realidad hay mucho, y tu idea de esa persona puede cambiar totalmente. Me costó admitirlo, pero a él no le costó nada enamorarme. Sin irremedio, incondicionalmente, con todas mis fuerzas y hasta el borde de la locura, más allá de él, donde los deseos se hacen realidad y la realidad parece el mundo que hay al otro lado del arcoiris. Porque al conocerle, en vez de pasarme como todos decían que pasaría (que me daría cuenta de que no me merecía, que era malo y no sé qué y no sé cuántos) descubrí una existencia absolutamente superior a todo lo que conocía hasta el momento. Quedé fascinada ante su genuino ingenio que entraba por mis oídos como una aletargante melodía. Él no lo aparentaba, pero yo vi su lado más íntimo, el más sensible, y quedaba como una estúpida cada vez que frente a los demás demostraba ser todo lo contrario. Humano, humanísimo, una persona que nunca ha tenido miedo a mostrarse tal y como es frente a mí. Un radar, un detector de tristezas o algo así tiene, porque, mágicamente, siempre que necesitaba su voz me llamaba. Y cuando no admitía necesitarlo pero mi corazón gritaba como si le fuera la vida en ello su nombre, también. Desde que le conozco no he sido capaz de encontrar una palabra mejor para expresar el amor, la ternura, la amistad, la lealtad, la comprensión, la complicidad, la felicidad, la sorpresa, la ilusión, la esperanza, la motivación, la fuerza, el ímpetu, el esfuerzo, la entrega, el todo: la vida. Jaime, ese es nombre.
No os he hablado antes de él, quizá por miedo, quizá por orgullo; pero hoy quiero hacerlo. Quiero que todos sepáis que es hoy de hace diecisiete años cuando él llegó a este mundo y lo llenó de buenos motivos con el simple sonido de su risa. Y por compartir conmigo todo lo que comparte, por quererme y dejarme quererle, le doy las gracias.
Sí, existe, mi persona favorita de mis humanos preferidos existe. ES ÉL.
¡FELICIDADES BONITO!
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
jueves, 7 de octubre de 2010
Marytetas: sobran palabras
Un día me desperté y mi madre me dijo: Laura, que vas a llegar tarde al cole. Sí, aquel día significó el final de mis vacaciones de verano, y debo reconocer que no tenía naaaaada de ganas de empezar el nuevo curso escolar. Pero, al igual que significó el fin del verano, también significó el comienzo de algo. ¿De qué? Pues de una nueva amistad.
Ella era nueva. Cuando la ví, pensé "es mona" y según iban avanzando las clases más me picaba la curiosidad por conocerla. En el recreo me decidí a hablarla, y la idea de que era mona tenía un complemento: y además, simpática. Y así fue como empezó todo. Supongo que querréis saber cómo es ella ahora que ya la conozco y que esa primera impresión se ha quedado en el recuerdo, ¿no? Y si no queréis saberlo me da igual, os lo voy a contar de todas maneras.
Ella es alta, guapa y con mucha pechonalidad. Este último dato solo lo añado para que entendáis por qué es Marytetas. Es la persona más divertida que he conocido en mi vida. Y no me refiero a que se sepa los mejores chistes del mundo ni a que sea una monologuista de la hostia, y mucho menos a que sea tan torpe que me paso la vida riéndome de ella, para nada. Me refiero a que es la persona que hace de una cosa común lo más divertido del mundo, que le da gracia a algo que con cualquier otra persona habría sido un "cri cri" enorme, que puede hacerme reír durante media hora seguida a carcajada limpia, que tiene los comentarios más ingeniosos y además la salen improvisando. Además es una persona con una capacidad de empatía envidiable, de carácter agradable, sociable, que sabe perdonar... Es una de esas chicas que enamoran con la mirada, pero que no se enamoran de cualquier sonrisa. Ahora, como le guste una sonrisa ¡no la suelta!
Podría pasarme horas hablando de ella, de la gran persona que es, de lo que la cuesta sentarse a estudiar, de lo geniales que son las tardes en el mercadona con ella (que por cierto, tanto echo de menos), de lo divertido que es ver la MTV con ella... Un sin fin de cosas... Pero en vez de eso os hablaré de lo gran amiga que es.
No, como amiga ella no tiene precio. Es esa amiga que siempre sabe escucharte, que te conoce tan bien que aunque tú intentes engañarte ella sabe que a los dos días reconocerás que estabas intentando evitar la verdad, que te entiende sin que tengas que decir nada, que está a tu lado aunque te había avisado de que si hacías algo acabarías mal parada, que sabe pedir perdón cuando se ha equivocado, que aunque ella esté mal, si la necesitas, estará para ti, que tiene paciencia... Y, por si fuera como, comparte contigo un paralelismo amoroso que es como un círculo vicioso, por lo tanto te entiende mejor que nadie.
Que no sé, que como amiga es un tesoro y nunca me había parado a escribirla nada... Realmente se lo merece, se merece que la escriba y mucho más. Se lo merece todo en esta vida, porque alguien como ella solo debería tener buenas experiencias.....
Marytetas, por muchos más años juntas :)
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
viernes, 20 de agosto de 2010
Tengo un primo casi viejo
Veite años. Para aquellos que los han superado podrían ser la juventud plena, lo que se suele llamar "la flor de la vida", cuando prácticamente todo se centra en hacer locuras que con el tiempo dejaron atrás. En cambio, para aquellos que aún no los han alcanzado son la pre-vejez, esa edad que te da toda esa responsabilidad que llevas tanto tiempo queriendo evitar. Pero ¿y para los que están en ellos?
Tal vez podríais llamarme arrogante por escribir sobre unos años a los que aún no he llegado, pero antes de que lo hagáis os diré que como inmadura observadora algo sé sobre los mismos. ¿Cómo? Los hijos de los amigos de mis padres siempre eran mayores que yo, y mis primos también lo son. Hablando de primos, ¡por uno de ellos estoy escribiendo esto!
Si no fuera porque la pequeña soy yo, diría que le he visto crecer. Tuvo esa etapa que tiene todo ser humano niño en la que lo destroza todo, es malo y le gusta chinchar a las pobres e indefensas criaturas femeninas de menor edad. Sí, esa era yo. Recuerdo perfectamente que no quería ni verle. Me asustaba. Era una especie de pequeño diablillo con cara de pillo, y peor, eran dos, porque él tiene un hermano mayor. Con los años fue cambiando: dejó de ser ese torbellino sin ningún tipo de conciencia y pasó a ser el primo contestón que tantas sonrisas me sacaba. Era divertido, un chiste tras otro. Empecé a pasármelo bien con él, viendo como vacilaba a mi tío o a los abuelos. Era realmente divertido. Solo quería ir a las comidas familiares si iban ellos dos. Aunque tenía la cabeza en otro sitio, quién sabe dónde... Diría que era mi primo rebelde. Pero no era malo... Más tarde asentó la cabeza, se hechó novia y mejoró en sus estudios. Un gran progreso, sin duda. Ya no tenía esa cara de pillo que tanto me asustaba de pequeña, ahora parecía más... ¿Un hombre? No, aún no. Con veinte años se es un hombrecillo, con los rasgos más marcados, pero un hombrecillo al fin y al cabo. Eso sí, su sentido del humor sigue intacto. Porque, no sé, supongo que será la manera de decir las cosas lo que las hace más divertidas que si las dijera otra persona. O su forma de entender la vida, y de vivirla.
A los cinco años habría dicho que un veinteañero es sin duda un viejo. A los diez me parecía igual. A los quince eran demasiado mayores para mí, y tampoco me gustaban sus rasgos marcados. Ahora tengo diecisiete, y aunque encajo perfectamente en la descripción de "no quiero llegar a ellos, me sentiré muy mayor" ya no tengo para nada esa mentalidad de "viejo". ¿Mi primo, un viejo? El que lo diga no le conoce. En el fondo los años no le han cambiado tanto... Sigue con ese "espíritu rebelde", sus ropas de niño pijo, sus orejas agujereadas, su sentido del humor, sus ganas de pasarlo bien... Y ese sentimiento tan fuerte que le une a aquella chica que aún es su novia. O al menos hasta ayer todo era así.
Hoy, veinte de agosto, es su cumpleaños. Ayer tenía diecinueve, y no sé qué efectos secundarios tendrán en él los veinte... En realidad sigue siendo el mismo chiquillo impaciente, porque anoche, ya pasadas las doce, vino a quejarse de que su primita no le felicitaba. ¿No os molesta cuando la gente no os da la oportunidad de situaros en la situación espacio-temporal y reaccionar cuando es debido? Para mí no es veinte hasta que me acuesto y me levanto. Aunque debo reconocer que cuando soy yo la que cumple años hago lo mismo que hizo él. A lo mejor es que aunque en su DNI ponga que tiene veinte años él sigue con los diecisiete... Porque realmente ¡no creo que yo tenga la madurez de los veinte!
De cualquier manera, no sé qué se sentira al dejar atrás las decenas y meterse con las veintenas, pero estoy segura de que madure lo que madure, viva lo que viva y cambie lo que cambie... Siempre seguirá sacando sonrisas allá donde vaya. Supongo que es parte de su encanto, ¿no?
Felicidades, ¡VIEJO!
P.D.: espero que no se crea mucho todo lo que he escrito, que sino va a tener el ego ¡por las nubes!
Tal vez podríais llamarme arrogante por escribir sobre unos años a los que aún no he llegado, pero antes de que lo hagáis os diré que como inmadura observadora algo sé sobre los mismos. ¿Cómo? Los hijos de los amigos de mis padres siempre eran mayores que yo, y mis primos también lo son. Hablando de primos, ¡por uno de ellos estoy escribiendo esto!
Si no fuera porque la pequeña soy yo, diría que le he visto crecer. Tuvo esa etapa que tiene todo ser humano niño en la que lo destroza todo, es malo y le gusta chinchar a las pobres e indefensas criaturas femeninas de menor edad. Sí, esa era yo. Recuerdo perfectamente que no quería ni verle. Me asustaba. Era una especie de pequeño diablillo con cara de pillo, y peor, eran dos, porque él tiene un hermano mayor. Con los años fue cambiando: dejó de ser ese torbellino sin ningún tipo de conciencia y pasó a ser el primo contestón que tantas sonrisas me sacaba. Era divertido, un chiste tras otro. Empecé a pasármelo bien con él, viendo como vacilaba a mi tío o a los abuelos. Era realmente divertido. Solo quería ir a las comidas familiares si iban ellos dos. Aunque tenía la cabeza en otro sitio, quién sabe dónde... Diría que era mi primo rebelde. Pero no era malo... Más tarde asentó la cabeza, se hechó novia y mejoró en sus estudios. Un gran progreso, sin duda. Ya no tenía esa cara de pillo que tanto me asustaba de pequeña, ahora parecía más... ¿Un hombre? No, aún no. Con veinte años se es un hombrecillo, con los rasgos más marcados, pero un hombrecillo al fin y al cabo. Eso sí, su sentido del humor sigue intacto. Porque, no sé, supongo que será la manera de decir las cosas lo que las hace más divertidas que si las dijera otra persona. O su forma de entender la vida, y de vivirla.
A los cinco años habría dicho que un veinteañero es sin duda un viejo. A los diez me parecía igual. A los quince eran demasiado mayores para mí, y tampoco me gustaban sus rasgos marcados. Ahora tengo diecisiete, y aunque encajo perfectamente en la descripción de "no quiero llegar a ellos, me sentiré muy mayor" ya no tengo para nada esa mentalidad de "viejo". ¿Mi primo, un viejo? El que lo diga no le conoce. En el fondo los años no le han cambiado tanto... Sigue con ese "espíritu rebelde", sus ropas de niño pijo, sus orejas agujereadas, su sentido del humor, sus ganas de pasarlo bien... Y ese sentimiento tan fuerte que le une a aquella chica que aún es su novia. O al menos hasta ayer todo era así.
Hoy, veinte de agosto, es su cumpleaños. Ayer tenía diecinueve, y no sé qué efectos secundarios tendrán en él los veinte... En realidad sigue siendo el mismo chiquillo impaciente, porque anoche, ya pasadas las doce, vino a quejarse de que su primita no le felicitaba. ¿No os molesta cuando la gente no os da la oportunidad de situaros en la situación espacio-temporal y reaccionar cuando es debido? Para mí no es veinte hasta que me acuesto y me levanto. Aunque debo reconocer que cuando soy yo la que cumple años hago lo mismo que hizo él. A lo mejor es que aunque en su DNI ponga que tiene veinte años él sigue con los diecisiete... Porque realmente ¡no creo que yo tenga la madurez de los veinte!
De cualquier manera, no sé qué se sentira al dejar atrás las decenas y meterse con las veintenas, pero estoy segura de que madure lo que madure, viva lo que viva y cambie lo que cambie... Siempre seguirá sacando sonrisas allá donde vaya. Supongo que es parte de su encanto, ¿no?
Felicidades, ¡VIEJO!
P.D.: espero que no se crea mucho todo lo que he escrito, que sino va a tener el ego ¡por las nubes!
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
lunes, 2 de agosto de 2010
Chibi-Joy
Esa chica timida, de pelo negro, largo y liso, piel blanco-roto y mirada asiatica ya se ha ido. Tiene dieciseis años, personalidad tranquila y muy claro lo que quiere. Amante de la fotografia, ella es el blanco de mi negro. He compartido en mes con ella, durmiendo en la misma habitacion, cenando en la misma mesa, tomando leche cada noche antes de ir a la cama... Dicen que la convivencia es dificil, pero convivir con ella ha sido como respirar.
Ella es de Taiwan, y yo de España. Hemos vivido juntas en San Francisco, siendo exchange students. Hay tanto que decir que no tengo palabras: ha sido como tener una hermana pequeña. Parecidas en casi todo excepto dos cosas: toda su ropa son colores claros, la mia oscuros y fuertes; es una chica de salado, yo prefiero el dulce. Por lo demas es como mi calcamonia, mi doble asiatica, una gemela. Dos hijas unicas unidas por un mes, que aunque al principio no sabian que compartir han terminado llorando a la hora de despedirse.
El tiempo vuela, las horas se escapan y un mes ha sido como una semana. Aun no me puedo creer que no vaya a volver a verla, porque seamos sinceros: yo la he invitado a España, y ella a mi a Taiwan, pero cuantas posibilidades hay de que una de las dos vaya con la otra? Menos del 50%, diria yo. Por eso le deseo a ella, a Joy, a mi roomate, mi little sister, que alcance todas sus metas, que sepa ingles tan bien como pretende hablarlo, que elija la carrera que elija sea feliz, que Eric la haya echado de menos tanto como ella le ha echado de menos a el, y sobre todo espero que sea MUY feliz y tenga suerte en su vida.
. Medio mundo quiza no sea tanto, al menos no para tener la misma mentalidadPorque? Solo por haber compartido un mes con ella? Si, solo por eso. Porque me ha enseñado que no importa de que parte del mundo seas, en que dios creas, cual sea tu comida, tu cultura o tus costumbres, cuanto duren tus vacaciones o tu definicion del amor: al final una adolescente es una adolescente, en España y en Taiwan. Lo que me hace pensar que quiza la mentalidad, la forma de ser, no esta guiada por tu lugar de procedencia, sino por la cantidad de dinero que tienes... Pero eso ahora da igual.
Ahora esto va de decir adios, de un see you soon y un nice to meet you! (aunque hemos acabado muy cansadas de que todo el mundo nos dijera eso con sonrisas forzadas) I'll miss you y dos sonrisas empapadas en lagrimas, un abrazo y ya esta, todo lo que hemos sido queda reducido a el recuerdo. Pero no lo olvides Joy, da igual cuan lejos estemos, I'm by your side.
Solo me queda darle las gracias por compartir conmigo estos dias, por completar mi viaje y enseñarme algunas palabras en Chino. Gracias por cada momento. Gracias por todo, y hasta la proxima. Ahora puedo decir, no solo que tengo una amiga taiwanesa, sino que tengo una hermana.
Ella es de Taiwan, y yo de España. Hemos vivido juntas en San Francisco, siendo exchange students. Hay tanto que decir que no tengo palabras: ha sido como tener una hermana pequeña. Parecidas en casi todo excepto dos cosas: toda su ropa son colores claros, la mia oscuros y fuertes; es una chica de salado, yo prefiero el dulce. Por lo demas es como mi calcamonia, mi doble asiatica, una gemela. Dos hijas unicas unidas por un mes, que aunque al principio no sabian que compartir han terminado llorando a la hora de despedirse.
El tiempo vuela, las horas se escapan y un mes ha sido como una semana. Aun no me puedo creer que no vaya a volver a verla, porque seamos sinceros: yo la he invitado a España, y ella a mi a Taiwan, pero cuantas posibilidades hay de que una de las dos vaya con la otra? Menos del 50%, diria yo. Por eso le deseo a ella, a Joy, a mi roomate, mi little sister, que alcance todas sus metas, que sepa ingles tan bien como pretende hablarlo, que elija la carrera que elija sea feliz, que Eric la haya echado de menos tanto como ella le ha echado de menos a el, y sobre todo espero que sea MUY feliz y tenga suerte en su vida.
. Medio mundo quiza no sea tanto, al menos no para tener la misma mentalidadPorque? Solo por haber compartido un mes con ella? Si, solo por eso. Porque me ha enseñado que no importa de que parte del mundo seas, en que dios creas, cual sea tu comida, tu cultura o tus costumbres, cuanto duren tus vacaciones o tu definicion del amor: al final una adolescente es una adolescente, en España y en Taiwan. Lo que me hace pensar que quiza la mentalidad, la forma de ser, no esta guiada por tu lugar de procedencia, sino por la cantidad de dinero que tienes... Pero eso ahora da igual.
Ahora esto va de decir adios, de un see you soon y un nice to meet you! (aunque hemos acabado muy cansadas de que todo el mundo nos dijera eso con sonrisas forzadas) I'll miss you y dos sonrisas empapadas en lagrimas, un abrazo y ya esta, todo lo que hemos sido queda reducido a el recuerdo. Pero no lo olvides Joy, da igual cuan lejos estemos, I'm by your side.
Solo me queda darle las gracias por compartir conmigo estos dias, por completar mi viaje y enseñarme algunas palabras en Chino. Gracias por cada momento. Gracias por todo, y hasta la proxima. Ahora puedo decir, no solo que tengo una amiga taiwanesa, sino que tengo una hermana.
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
viernes, 28 de mayo de 2010
Mi rusa favorita.
Ella es joven, hoy cumple dieciséis años. Es bonita, simpática, divertida, loca, irresponsable, imprudente, descontrolada... Es ella, única e irrepetible, y sin duda es una de las mejores amigas con las que alguien podría contar.
¿Que por qué? Esa es una pregunta fácil: porque ella es esa clase de amiga capaz de renunciar al chico que le gusta si a ti también te gusta, ese tipo de amiga que se desvive por que tú estés con él porque está absolutamente convencida de que es como tienen que ser las cosas, aunque en la realidad no sea así. Es la chica que siempre sabe qué decir.
No la conozco desde hace mucho, pero tampoco necesito mucho tiempo para saber que merece la pena tenerla como amiga. ¿Quién dijo que los verdaderos amigos son los que conoces de siempre? Lo siento, pero no estoy de acuerdo. ¿Cuánto hace, ocho meses? Sí, ocho meses. Y en ocho meses la rusa más loca del mercado me ha demostrado que la vida se puede exprimir mucho más de lo que pensaba, que cada mala situación viene acompañada de una sonrisa de una gran amiga, que pase lo que pase merece la pena seguir al pie del cañon y que las sonrisas están mucho más valoradas que que el oro.
Por eso, por ser tan grande, por enseñarme tantas cosas, por estar a mi lado, por abrazarme en los momentos difíciles, por reír conmigo en los momentos propios de adolescentes, por ser esa amiga que siempre he querido tener, por demostrarme que es posible anteponer la amistad a cualquier otra cosa en este mundo, le escribo esto hoy a ella.
¿Que por qué? Esa es una pregunta fácil: porque ella es esa clase de amiga capaz de renunciar al chico que le gusta si a ti también te gusta, ese tipo de amiga que se desvive por que tú estés con él porque está absolutamente convencida de que es como tienen que ser las cosas, aunque en la realidad no sea así. Es la chica que siempre sabe qué decir.
No la conozco desde hace mucho, pero tampoco necesito mucho tiempo para saber que merece la pena tenerla como amiga. ¿Quién dijo que los verdaderos amigos son los que conoces de siempre? Lo siento, pero no estoy de acuerdo. ¿Cuánto hace, ocho meses? Sí, ocho meses. Y en ocho meses la rusa más loca del mercado me ha demostrado que la vida se puede exprimir mucho más de lo que pensaba, que cada mala situación viene acompañada de una sonrisa de una gran amiga, que pase lo que pase merece la pena seguir al pie del cañon y que las sonrisas están mucho más valoradas que que el oro.
Por eso, por ser tan grande, por enseñarme tantas cosas, por estar a mi lado, por abrazarme en los momentos difíciles, por reír conmigo en los momentos propios de adolescentes, por ser esa amiga que siempre he querido tener, por demostrarme que es posible anteponer la amistad a cualquier otra cosa en este mundo, le escribo esto hoy a ella.
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
jueves, 11 de marzo de 2010
Miedo número tres.
¿Sabéis? Yo antes creía que las personas sólo podemos enamorarnos una vez en nuestra vida. Ahora sé que estaba equvicada, pero aún así creo que tiene que existir un número límite de veces que una persona se puede enamorar. Porque si no, ¿qué gracia tiene? Iríamos por la vida enamorándonos a nuestro antojo y nunca podríamos destacar uno sobre otro. Ni siquiera nos sentiríamos mejor cuando quisiéramos a alguien, porque no tendría nada de especial levantarse cada mañana esperando verle, o sonreír por nada, o tener ganas de todo... O luchar por algo, tener ilusión y escribir una historia junto a otra persona. Y esto me lleva a mi tercer miedo: me da miedo no volver a sentirme así.
Tengo miedo de que dos sean el número límite de veces que una persona humana se puede enamorar de otra. No sé, pero pensadlo. ¿Y si no volviérais a tener ganas de saltar de la cama nunca más? ¿Y si no hay una media naranja por ahí suelta esperándoos? ¿Y si no volvéis a encontrar motivos para ver el cielo rosa o esforzaros en conseguir algo? No me gustaría, no me gustaría nada. Mis amigos dicen que soy una enamorada del amor, y si eso es cierto no podría soportar no volver a enamorarme, no sentir esos nerviosa o que mis mejillas no se volvieran a sonrojar de una manera especial. Que yo que sé, igual es una paranoia mía y soy muy joven o hablo del amor sin realmente saber lo que es... Pero sí, yo creo que sé lo que es el amor. Necesitar a alguien, sentir su sangre por tus venas, que sobre el oxígeno, darlo TODO por esa persona, anteponer su felicidad a la tuya... ¡Tantas cosas! O al menos así lo veo yo, supongo que el amor es muy subjetivo. Pero, ¿y si no vuelvo a querer darlo todo por alguien, y si me empieza a importar llorar y me deja de importar la felicidad de la otra persona? Que no, que yo no podría vivir así, jolin.
Me da mucho miedo no volver a sentirme así.
Tengo miedo de que dos sean el número límite de veces que una persona humana se puede enamorar de otra. No sé, pero pensadlo. ¿Y si no volviérais a tener ganas de saltar de la cama nunca más? ¿Y si no hay una media naranja por ahí suelta esperándoos? ¿Y si no volvéis a encontrar motivos para ver el cielo rosa o esforzaros en conseguir algo? No me gustaría, no me gustaría nada. Mis amigos dicen que soy una enamorada del amor, y si eso es cierto no podría soportar no volver a enamorarme, no sentir esos nerviosa o que mis mejillas no se volvieran a sonrojar de una manera especial. Que yo que sé, igual es una paranoia mía y soy muy joven o hablo del amor sin realmente saber lo que es... Pero sí, yo creo que sé lo que es el amor. Necesitar a alguien, sentir su sangre por tus venas, que sobre el oxígeno, darlo TODO por esa persona, anteponer su felicidad a la tuya... ¡Tantas cosas! O al menos así lo veo yo, supongo que el amor es muy subjetivo. Pero, ¿y si no vuelvo a querer darlo todo por alguien, y si me empieza a importar llorar y me deja de importar la felicidad de la otra persona? Que no, que yo no podría vivir así, jolin.
Me da mucho miedo no volver a sentirme así.
La importancia de las cosas que no importan
de mis miedos.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Cuchi.
No sabría qué decir a cerca de Cuchi, de mi Cuchi.
Hay veces que conocemos a una persona, y nos resulta raro. Raro porque ha dicho algo que no encaja en nuestros mapas mentales de persona normal. Pero algo dentro de nosotros nos obliga a darle una oportunidad a esa persona que hemos calificado con el adjetivo raro y seguimos hablando con esa persona. Así fue con Cuchi.
Y la verdad es que siempre me he alegrado mucho de haber ignorado a mis esquemas mentales y haberle dado la oportunidad de darse a conocer y demostrarme que a veces las primeras impresiones fallan.
Cuchi me ha demostrado muchas cosas: cosas que merece la pena saber, cosas de las que merece la pena burlarse, cosas que nadie quiere saber pero que hay que saber, cosas que duele saber, cosas que es mejor ignorar... Cuchi me ha abierto los ojos a muchas cosas. Cuchi ha sido borde conmigo, ha sido amable, ha faltado y ha estado, me ha hecho reír y me ha hecho llorar, me ha dejado abrazarle en una reunión friki y me ha enseñado una cara diferente de cada realidad. Cuchi ha sido muchas cosas.
Y nos hemos peleado, ¡claro que nos hemos peleado! Cuchi y yo nos hemos dicho de todo, pero siempre, hasta en el peor de los momentos, hemos sido capaces de solucionarlo. Pero parece que esta vez es diferente, que Cuchi me dice adiós para siempre.
Si yo fuera vosotros ahora me diría "nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde", pero yo siempre he sabido qué clase de tesoro era Cuchi. Es por eso que sé que este texto llega tarde y que todo lo que pueda escribir aquí tendría que haberlo dicho hace mucho.
Que lo primero que me gustaría decirle es que gracias. Gracias por todo.
Que lo segundo sería que lo siento. Lo siento por todas las veces que he sido borde sin tener que serlo, que me he puesto celosa cuando no tenía siquiera derecho, que he liado las cosas con mis paranoias.
Que lo tercero que le diría podría ser que le voy a echar de menos, porque independientemente de quién tenga la culpa esta vez, no es lo mismo conectarme y que no me llegue un absurdo mensaje de voz que me da pereza escuchar.
Que lo cuarto le pediría que, ahora que no voy a saber de él, me permita al menos tener la certeza de que va a ser feliz, porque es lo que se merece, toda la felicidad del mundo y más.
Y que por último le diría que le quiero.
Esto no debería ser una despedida, porque yo hace tiempo que pensaba hablaros sobre Cuchi, pero creo que se me pasó el tiempo. Es como llegar a la estación y ver que el tren ha partido, y quedarte mirando el tren pensando "pues vaya" y resignarte. Sí, supongo que podría definirse así. No sé, creo que empiezo a delirar.
Pero que sepáis que, aunque tenga sus puntos, sus bipolaridades y su mala hostia, Cuchi mola mucho, y Cuchi me ha hecho muy feliz.
Hay veces que conocemos a una persona, y nos resulta raro. Raro porque ha dicho algo que no encaja en nuestros mapas mentales de persona normal. Pero algo dentro de nosotros nos obliga a darle una oportunidad a esa persona que hemos calificado con el adjetivo raro y seguimos hablando con esa persona. Así fue con Cuchi.
Y la verdad es que siempre me he alegrado mucho de haber ignorado a mis esquemas mentales y haberle dado la oportunidad de darse a conocer y demostrarme que a veces las primeras impresiones fallan.
Cuchi me ha demostrado muchas cosas: cosas que merece la pena saber, cosas de las que merece la pena burlarse, cosas que nadie quiere saber pero que hay que saber, cosas que duele saber, cosas que es mejor ignorar... Cuchi me ha abierto los ojos a muchas cosas. Cuchi ha sido borde conmigo, ha sido amable, ha faltado y ha estado, me ha hecho reír y me ha hecho llorar, me ha dejado abrazarle en una reunión friki y me ha enseñado una cara diferente de cada realidad. Cuchi ha sido muchas cosas.
Y nos hemos peleado, ¡claro que nos hemos peleado! Cuchi y yo nos hemos dicho de todo, pero siempre, hasta en el peor de los momentos, hemos sido capaces de solucionarlo. Pero parece que esta vez es diferente, que Cuchi me dice adiós para siempre.
Si yo fuera vosotros ahora me diría "nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde", pero yo siempre he sabido qué clase de tesoro era Cuchi. Es por eso que sé que este texto llega tarde y que todo lo que pueda escribir aquí tendría que haberlo dicho hace mucho.
Que lo primero que me gustaría decirle es que gracias. Gracias por todo.
Que lo segundo sería que lo siento. Lo siento por todas las veces que he sido borde sin tener que serlo, que me he puesto celosa cuando no tenía siquiera derecho, que he liado las cosas con mis paranoias.
Que lo tercero que le diría podría ser que le voy a echar de menos, porque independientemente de quién tenga la culpa esta vez, no es lo mismo conectarme y que no me llegue un absurdo mensaje de voz que me da pereza escuchar.
Que lo cuarto le pediría que, ahora que no voy a saber de él, me permita al menos tener la certeza de que va a ser feliz, porque es lo que se merece, toda la felicidad del mundo y más.
Y que por último le diría que le quiero.
Esto no debería ser una despedida, porque yo hace tiempo que pensaba hablaros sobre Cuchi, pero creo que se me pasó el tiempo. Es como llegar a la estación y ver que el tren ha partido, y quedarte mirando el tren pensando "pues vaya" y resignarte. Sí, supongo que podría definirse así. No sé, creo que empiezo a delirar.
Pero que sepáis que, aunque tenga sus puntos, sus bipolaridades y su mala hostia, Cuchi mola mucho, y Cuchi me ha hecho muy feliz.
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
viernes, 29 de enero de 2010
Mi persona favorita entre mis humanos favoritos.
Me gustaría poder decir que es alto, que tiene un alucinante pelo negro -negro petróleo-, que tiene unos preciosos ojos verdes en los que me pierdo cada vez que me mira, que su boca es perfecta cuando me sonríe, cuando aprieta los labios, cuando se enfada, cuando tuerce el morro, cuando se queda entreabierta, cuando me busca, cuando me besa, que la textura de sus labios supera al terciopelo o a la seda de mejor calidad que te puedas encontrar, que sus besos saben a sorbete de frambuesa, que su piel blanquecina parece hecha para mi piel de porcelana, que sus manos son las manos de el único artista que sabe como hacer de mi cuerpo una escultura -al recorrerlo-, que su voz es la única voz que parece música siempre -aunque me esté diciendo las cosas más horribles del mundo porque nos estamos peleando-, que su mente es un complejo laberinto que sólo me ha dejado descifrar a mí, que su corazón es el más puro y bondadoso del mundo -y que cuando escucho sus latidos el mío se sincroniza con el suyo-. Me gustaría poder decir que él es la única persona que es capaz de quitarme la respiración con solo rozarme, que sonroja mis mejillas con solo mirarme, que dibuja mis sonrisas a su antojo, que es capaz de hacerme llorar y reír a la vez, que dentro de su complejidad yo he sido capaz de escribir un manual, que a pesar de ir de duro por la vida, de machote, de maduro, de pasota y de borde que no cree en el amor y aborrece las cursiladas es el hombre más tierno, dulce, apetecible, adorable, romántico, protector y enamorado (de mi) que he conocido en mi vida. Me gustaría poder decir que yo también soy su persona favorita entre sus humanos favoritos y poder decir que estamos totalmente seguros de que lo nuestro es para siempre -pero de verdad-, que a su lado los te quiero superarán al paraíso y no me parecerá que el te amo nos venga grande -sino que nos quedará pequeño-. Y sobre todo me gustaría poder ponerle un nombre.
Porque no puedo, porque por suerte o por desgracia aún no conozco a ese hombre que llevo toda mi vida idealizando y que cuando aparezca me hará sentir que realmente el mundo es tan maravilloso como muchos dicen. En realidad me hubiera gustado poder decir que Jota -el inombrable- es mi persona favorita entre mis humanos favoritos; pero supongo que no puedo decir eso de una persona con la que hablo una vez cada dos meses. Además, Jota -el inombrable- fue mi primer amor, pero el primer amor no tienen por qué ser el amor de nuestra vida; y supongo que diecisiete son pocos inviernos como para haber encontrado al hombre que se quedará -a mi lado- todos los inviernos que me restan.
¿Quién será?
¿Cómo será?
¿Se parecerá a mi prototipo,
o no se parecerá?
Ah, ¡cuántas preguntas sin respuesta! Y me pregunto aún otra más:
¿Cuánto tendré que esperar para poder responderlas todas?
Supongo que todos idealizamos al amor de nuestra vida porque estamos educados para enamorarnos, casarnos y formar una familia. ¡He pensado tantas veces en él, le he dicho tantas cosas sin saber quién es y le he prometido tanto que cuando vuelva no tendré ni tiempo para hacerlo todo! Realmente no podré creérmelo el día que aparezca. Y cuando le vea, sabré que es él. Lo sabré -no solo porque todo el mundo diga que cuando aparece sabes que será para siempre- porque estaré tan agusto a su lado que ni siquiera me acordaré de que estaba buscando a mi persona favorita entre mis humanos preferidos. Y cuando le encuentre vendré corriendo a contároslo.
Sí, es una promesa -de las que se cumplen-.
Porque no puedo, porque por suerte o por desgracia aún no conozco a ese hombre que llevo toda mi vida idealizando y que cuando aparezca me hará sentir que realmente el mundo es tan maravilloso como muchos dicen. En realidad me hubiera gustado poder decir que Jota -el inombrable- es mi persona favorita entre mis humanos favoritos; pero supongo que no puedo decir eso de una persona con la que hablo una vez cada dos meses. Además, Jota -el inombrable- fue mi primer amor, pero el primer amor no tienen por qué ser el amor de nuestra vida; y supongo que diecisiete son pocos inviernos como para haber encontrado al hombre que se quedará -a mi lado- todos los inviernos que me restan.
¿Cuándo vendrá?
¿De dónde vendrá?¿Quién será?
¿Cómo será?
¿Se parecerá a mi prototipo,
o no se parecerá?
Ah, ¡cuántas preguntas sin respuesta! Y me pregunto aún otra más:
¿Cuánto tendré que esperar para poder responderlas todas?
Supongo que todos idealizamos al amor de nuestra vida porque estamos educados para enamorarnos, casarnos y formar una familia. ¡He pensado tantas veces en él, le he dicho tantas cosas sin saber quién es y le he prometido tanto que cuando vuelva no tendré ni tiempo para hacerlo todo! Realmente no podré creérmelo el día que aparezca. Y cuando le vea, sabré que es él. Lo sabré -no solo porque todo el mundo diga que cuando aparece sabes que será para siempre- porque estaré tan agusto a su lado que ni siquiera me acordaré de que estaba buscando a mi persona favorita entre mis humanos preferidos. Y cuando le encuentre vendré corriendo a contároslo.
Sí, es una promesa -de las que se cumplen-.
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
sábado, 16 de enero de 2010
Diecisiete velas en mi tarta.
1. Por mi primer paso.
2. Por mi primer sueño.
3. Por mi primer día de cole.
4. Por mi primera ilusión.
5. Por el primer diente que se me cayó.
6. Por el que dije que iba a ser mi marido.
7. Porque ya lo entenderás cuando seas mayor.
8. Porque quiero ser mayor ¡YA!
9. Por mi primera decepción.
10. Porque ya es cifra doble.
11. Porque acabo primaria.
12. Porque jo que mayor me creo.
13. Porque qué bien sienta la tontería.
14. Porque que bonito es el primer beso.
15. Porque como duele la primera ruptura.
16. Porque la vida es para improvisarla.
17. Porque empiezo a entederlo todo...
Autofelicidades to me!!
2. Por mi primer sueño.
3. Por mi primer día de cole.
4. Por mi primera ilusión.
5. Por el primer diente que se me cayó.
6. Por el que dije que iba a ser mi marido.
7. Porque ya lo entenderás cuando seas mayor.
8. Porque quiero ser mayor ¡YA!
9. Por mi primera decepción.
10. Porque ya es cifra doble.
11. Porque acabo primaria.
12. Porque jo que mayor me creo.
13. Porque qué bien sienta la tontería.
14. Porque que bonito es el primer beso.
15. Porque como duele la primera ruptura.
16. Porque la vida es para improvisarla.
17. Porque empiezo a entederlo todo...
Autofelicidades to me!!
La importancia de las cosas que no importan
de mi vida.
miércoles, 6 de enero de 2010
Mis propósitos para el 2010:
1. Cumplir todos los propósitos.
2. No rendirme nunca.
3. Ser mejor persona.
4. Ser más constante.
5. Esforzarme más.
6. Reducir los caprichos.
7. Perseguir mis sueños.
8. Poner fuerza de voluntad en todo.
9. Echarme novio.
10. Ser fuerte.
11. Adelgazar (como todos los años...)
12. Que el año que viene no se repitan los mismo propósitos.
13. No llorar si no merece la pena de verdad.
14. Ser más independiente.
15. SER FELIZ
2. No rendirme nunca.
3. Ser mejor persona.
4. Ser más constante.
5. Esforzarme más.
6. Reducir los caprichos.
7. Perseguir mis sueños.
8. Poner fuerza de voluntad en todo.
9. Echarme novio.
10. Ser fuerte.
11. Adelgazar (como todos los años...)
12. Que el año que viene no se repitan los mismo propósitos.
13. No llorar si no merece la pena de verdad.
14. Ser más independiente.
15. SER FELIZ
La importancia de las cosas que no importan
de mi vida.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Eme, de MEJOR amigo.
Os voy a contar la historia de Eme desde el principio, la historia de un desconocido que ha pasado a serlo todo para mi.
Le conocí un ocho de marzo, comiendo montaditos de los 100 montaditos en la calle mientras el resto de nuestros amigos se peleaban entre ellos y con el dueño de los 100 montaditos. No fue nada del otro mundo, nos aliamos y nos repartimos los montaditos para salir del paso y luego ya, si eso, preguntar como iba la cosa. A raíz de eso empezamos a hablar, a decir todo tipo de chistes malos y tonterías, comentarios al respecto y, un poco más tarde, le pregunté qué había pasado con una chica y él; nada del otro mundo.
Poco a poco todas esas tonterías y unos cuantos "oye, ¿te he contado que...?" seguidos de otros cuantos "hala ¿si? ¡qué fuerte!" se han convertido en la base de una amistad llena de miles de millones de sonrisas, de tardes enteras sin estudiar, aún sabiendo que había un examen al día siguiente y sin decir nada pero sin querer colgar, de repetidos dolores de estómago por exceso de risas, de innumerables secretos e infinitos buenos momentos. Una amistad que no cambiaría por nada del mundo.
¿Sabéis por qué? Porque ni todas las maravillas y riquezas de este mundo podrían llenarme tanto como su cara de sorpresa al bajar por las escaleras de mi casa y encontrarse a todos cantándole el cumpleaños feliz. Porque son los pequeños detalles los que hacen grandes las cosas, y Eme está lleno de pequeños detalles, por eso es tan grande, tan esencial. Y en realidad no hace tanto que le conozco, unos cuantos meses; lo cual no cambia que sin él en mi vida habría un gran vacío que nadie más podría llenar. Eme es de las pocas personas por las cuales pondría la mano en el fuego a ciegas, sin preguntar el motivo.
No es que me haya dado cuenta de todo esto ahora mismo, en éste preciso momento y a estas horas de la noche, no. Es que de repente tengo la impetuosa necesidad de contaros por qué Eme es tan importante para mí; tengo la irrevocable necesidad de dejar por escrito que, irremediablemente, dejaría de respirar ahora mismo si Eme me dijera que ya no hay amistad que valga.
Cuando conocí a Eme no me imaginé, ni por asomo, que se convertiría en mi MEJOR amigo, en una parte tan necesaria para mi existencia. Sólo quería que lo supieráis. Sólo quería decirlo que si hay un Eme en vuestra vida le apreciéis, porque os aseguro que no hay dos iguales.
Y no digo nada más, porque sería insuficiente; como todo lo anterior.
Le conocí un ocho de marzo, comiendo montaditos de los 100 montaditos en la calle mientras el resto de nuestros amigos se peleaban entre ellos y con el dueño de los 100 montaditos. No fue nada del otro mundo, nos aliamos y nos repartimos los montaditos para salir del paso y luego ya, si eso, preguntar como iba la cosa. A raíz de eso empezamos a hablar, a decir todo tipo de chistes malos y tonterías, comentarios al respecto y, un poco más tarde, le pregunté qué había pasado con una chica y él; nada del otro mundo.
Poco a poco todas esas tonterías y unos cuantos "oye, ¿te he contado que...?" seguidos de otros cuantos "hala ¿si? ¡qué fuerte!" se han convertido en la base de una amistad llena de miles de millones de sonrisas, de tardes enteras sin estudiar, aún sabiendo que había un examen al día siguiente y sin decir nada pero sin querer colgar, de repetidos dolores de estómago por exceso de risas, de innumerables secretos e infinitos buenos momentos. Una amistad que no cambiaría por nada del mundo.
¿Sabéis por qué? Porque ni todas las maravillas y riquezas de este mundo podrían llenarme tanto como su cara de sorpresa al bajar por las escaleras de mi casa y encontrarse a todos cantándole el cumpleaños feliz. Porque son los pequeños detalles los que hacen grandes las cosas, y Eme está lleno de pequeños detalles, por eso es tan grande, tan esencial. Y en realidad no hace tanto que le conozco, unos cuantos meses; lo cual no cambia que sin él en mi vida habría un gran vacío que nadie más podría llenar. Eme es de las pocas personas por las cuales pondría la mano en el fuego a ciegas, sin preguntar el motivo.
No es que me haya dado cuenta de todo esto ahora mismo, en éste preciso momento y a estas horas de la noche, no. Es que de repente tengo la impetuosa necesidad de contaros por qué Eme es tan importante para mí; tengo la irrevocable necesidad de dejar por escrito que, irremediablemente, dejaría de respirar ahora mismo si Eme me dijera que ya no hay amistad que valga.
Cuando conocí a Eme no me imaginé, ni por asomo, que se convertiría en mi MEJOR amigo, en una parte tan necesaria para mi existencia. Sólo quería que lo supieráis. Sólo quería decirlo que si hay un Eme en vuestra vida le apreciéis, porque os aseguro que no hay dos iguales.
Y no digo nada más, porque sería insuficiente; como todo lo anterior.
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
viernes, 13 de noviembre de 2009
La profe de lengua y sus cosas.
Hace dos años tuve una profe de lengua muy peculiar, de esas profes que nunca esperas echar de menos; pero luego siempre te equivocas...
Sí, porque ella era la típica que se ponía muy nerviosa con nada. Sinceramente, sería cosa de la edad, porque la mujer ya estaba mayor. Pero ella quería seguir en la docencia, era lo que la gustaba y lo único que la quedaba de su marido... Porque su marido fue director de mi antiguo cole, era su sueño, el que empezaron juntos y ella no lo quiso abandonar. Aunque al final tuvo que hacerlo, claro.
Así que era una profe de esas que usan expresiones raras, de las que no usa nadie, tales como "dejad de hacer sonidos de ultratumba", "como un elefante por una cacharrería" o "este acueducto aprovechad para estudiar". Estaba un poco loca. Además era muy inocente, así que todos la vacilaban fácilmente. A veces pienso que era consciente, pero que se dejaba... Y era fácil entretenerla en clase, aunque luego nos dejaba sin patio por haberla distraído.
Yo, sinceramente, no la soportaba. Me ponía muy nerviosa su aguda voz, su cabezonería (quizá es porque yo también la tengo), su imparcialidad... Aunque ella a mí me tenía mucho amor. Me llenaba a positivos, y nunca saqué menos de un 8'75 en un examen suyo. A veces me llevaba mal con ella. Otras veces hasta podíamos hablar. Pero lo que nunca me imaginé es que dos años después me fuera a acordar de ella y preguntarme cómo la irá todo.
En realidad era buena gente, con buenas intenciones y nada de maldad. Y con ella aprendí más de lo que me imaginaba. Sobre todo expresiones de la España profunda y que alguno que otro de mi exclase tiene algún trauma infantil oculto.
Y no sé, molaba.
Sí, porque ella era la típica que se ponía muy nerviosa con nada. Sinceramente, sería cosa de la edad, porque la mujer ya estaba mayor. Pero ella quería seguir en la docencia, era lo que la gustaba y lo único que la quedaba de su marido... Porque su marido fue director de mi antiguo cole, era su sueño, el que empezaron juntos y ella no lo quiso abandonar. Aunque al final tuvo que hacerlo, claro.
Así que era una profe de esas que usan expresiones raras, de las que no usa nadie, tales como "dejad de hacer sonidos de ultratumba", "como un elefante por una cacharrería" o "este acueducto aprovechad para estudiar". Estaba un poco loca. Además era muy inocente, así que todos la vacilaban fácilmente. A veces pienso que era consciente, pero que se dejaba... Y era fácil entretenerla en clase, aunque luego nos dejaba sin patio por haberla distraído.
Yo, sinceramente, no la soportaba. Me ponía muy nerviosa su aguda voz, su cabezonería (quizá es porque yo también la tengo), su imparcialidad... Aunque ella a mí me tenía mucho amor. Me llenaba a positivos, y nunca saqué menos de un 8'75 en un examen suyo. A veces me llevaba mal con ella. Otras veces hasta podíamos hablar. Pero lo que nunca me imaginé es que dos años después me fuera a acordar de ella y preguntarme cómo la irá todo.
En realidad era buena gente, con buenas intenciones y nada de maldad. Y con ella aprendí más de lo que me imaginaba. Sobre todo expresiones de la España profunda y que alguno que otro de mi exclase tiene algún trauma infantil oculto.
Y no sé, molaba.
La importancia de las cosas que no importan
de mi vida.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Lo que soy.
Soy un sueño inacabado un sábado a las nueve de la mañana.
Soy una hoja de otoño que se niega a caer hasta que llega el invierno.
Soy los ojos azules más deslumbrantes de la zona.
Soy unas mejillas sonrojadas cuando él está presente.
Soy una sonrisa cálida 353 días al año.
Soy una mirada triste los días nueve de cada mes.
Soy un recuerdo imborrable por cada dieciocho.
Soy una muñeca de porcelana con sentimientos.
Soy una despedida que no quiere decir adiós.
Soy un peluche que está muriéndose por dormir entre sus brazos.
Soy el polo positivo de un polo negativo que aún no ha aparecido.
Soy multipolar.
Soy una niña pequeña que quiere irse de nunca jamás.
Soy una niña mayor que quiere volver a nunca jamás.
Soy una aspirante a princesa.
Soy el dibujo que no quise terminar.
Soy la carta de amor que nunca le daré.
Soy un bolígrafo sin tinta contra un folio en blanco.
Soy incertidumbre frente a miles de dudas.
Soy unos labios que se mueren por besarle.
Soy un montón de besos regalados, desperdiciados y mal empleados.
Soy la textura de aquel primer beso.
Soy el nerviosismo de antes.
Soy la presión de durante.
Soy la felicidad de después.
Soy la inquietud de los próximos cinco minutos en adelante.
Soy una ilusión que aún espera cumplirse.
Soy el deseo que una vez le pedí a una estrella.
Soy ese secreto que saben todos, y el que nadie descubrirá nunca.
Soy un millar de lágrimas empapando mi almohada.
Soy la pereza de los martes por la tarde.
Soy un domingo aburrido en casa.
Soy un espejo que busca su reflejo.
Soy la euforia de un viernes por la tarde.
Soy la risa tonta de un miércoles a las 12 a.m.
Soy una nube con carga eléctrica anunciando una tormenta.
Soy dos billetes de avión que nunca se usaron.
Soy una cabezota invencible.
Soy la ola que nunca se cansa de mojar el puerto.
Soy el pez que siempre lucha contra la corriente.
Soy una media sonrisa desganada cuando él no me habla.
Soy unos ojos inchados después de una noche llorando.
Soy lo que fui de Agosto a Abril.
Soy la que lo daría todo por él.
Soy la que nunca se cansa de intentarlo.
Soy las palabras que he dicho, digo y diré.
Soy, también, las palabras que no he dicho, no digo y no diré.
Soy una bolsa de kinder chocobons.
Soy los gogos que perdí.
Soy un disfraz de carnaval.
Soy una sonrisa hipócrita los lunes por la mañana.
Soy la musa de alguien que no aparece.
Soy un corazón borroso en la mano izquierda después de clase.
Soy los garabatos de una tarde de estudio poco productiva.
Soy los dos segundos en los que nuestras miradas se cruzan.
Soy la alegría que me da su sonrisa.
Soy dos nombres en la puerta del baño de un bar.
Soy un juntos para siempre que no duró lo suficiente.
Soy las promesas que nunca cumplirás.
Soy las promesas que nunca romperé.
Soy un gato que se esconde de la lluvia.
Soy el olor a frambuesa que inunda sus pulmones.
Soy una mente confusa después de un sábado de fiesta.
Soy unos tacones poco usados.
Soy un reloj que se paró un martes a las 17:47
Soy el último pétalo de una margarita que dice "me quiere".
Soy la ilusa que piensa que la margarita lleva razón.
Soy una pompa de jabón entre frágil e indestructible.
Soy el globo que perdí en un parque.
Soy una fecha sin importancia.
Soy una pulsera perdida en el fondo de un río.
Soy el orgullo de no realizar una llamada.
Soy las mariposas en el estómago de cuando estás enamorada.
Soy un libro inacabado.
Soy un poema sin destinatario.
Soy una canción de desamor.
Soy un juego de dos.
Soy tres dobleseis en un tablero de monopoli.
Soy un idioma casi indescifrable.
Soy una caja de bombones autorregalada en San Valentín.
Soy un ramo de flores esperando ser regalado, en San Valentín también.
Soy la luz que busca oscuridad.
Soy el cariño que no sé a quién dar.
Soy la dulzura que desemboca en lo macabro.
Soy un corazón acelerado minutos antes de verle.
Soy un amuleto de la suerte que nunca da suerte.
Soy caos, como una habitación desordenada antes de salir.
Soy el sentimiento que no sabe expresarse.
Soy la frase malentendida.
Soy un fracaso contra una victoria.
Soy un cuento que aún no se ha escrito.
Soy mi propio dialecto.
Soy las luces de un pueblo en fiestas.
Soy el insomnio de después de una peli de terror.
Soy las ojeras de una noche pensando en él.
Soy la curiosidad que mató al gato.
Soy el octavo color del arcoiris.
Soy una proyección de lo que fui.
Soy una versión mejorada de mí misma.
Soy mil experiencias en una.
Soy todo lo que me queda por vivir.
Soy una hoja de otoño que se niega a caer hasta que llega el invierno.
Soy los ojos azules más deslumbrantes de la zona.
Soy unas mejillas sonrojadas cuando él está presente.
Soy una sonrisa cálida 353 días al año.
Soy una mirada triste los días nueve de cada mes.
Soy un recuerdo imborrable por cada dieciocho.
Soy una muñeca de porcelana con sentimientos.
Soy una despedida que no quiere decir adiós.
Soy un peluche que está muriéndose por dormir entre sus brazos.
Soy el polo positivo de un polo negativo que aún no ha aparecido.
Soy multipolar.
Soy una niña pequeña que quiere irse de nunca jamás.
Soy una niña mayor que quiere volver a nunca jamás.
Soy una aspirante a princesa.
Soy el dibujo que no quise terminar.
Soy la carta de amor que nunca le daré.
Soy un bolígrafo sin tinta contra un folio en blanco.
Soy incertidumbre frente a miles de dudas.
Soy unos labios que se mueren por besarle.
Soy un montón de besos regalados, desperdiciados y mal empleados.
Soy la textura de aquel primer beso.
Soy el nerviosismo de antes.
Soy la presión de durante.
Soy la felicidad de después.
Soy la inquietud de los próximos cinco minutos en adelante.
Soy una ilusión que aún espera cumplirse.
Soy el deseo que una vez le pedí a una estrella.
Soy ese secreto que saben todos, y el que nadie descubrirá nunca.
Soy un millar de lágrimas empapando mi almohada.
Soy la pereza de los martes por la tarde.
Soy un domingo aburrido en casa.
Soy un espejo que busca su reflejo.
Soy la euforia de un viernes por la tarde.
Soy la risa tonta de un miércoles a las 12 a.m.
Soy una nube con carga eléctrica anunciando una tormenta.
Soy dos billetes de avión que nunca se usaron.
Soy una cabezota invencible.
Soy la ola que nunca se cansa de mojar el puerto.
Soy el pez que siempre lucha contra la corriente.
Soy una media sonrisa desganada cuando él no me habla.
Soy unos ojos inchados después de una noche llorando.
Soy lo que fui de Agosto a Abril.
Soy la que lo daría todo por él.
Soy la que nunca se cansa de intentarlo.
Soy las palabras que he dicho, digo y diré.
Soy, también, las palabras que no he dicho, no digo y no diré.
Soy una bolsa de kinder chocobons.
Soy los gogos que perdí.
Soy un disfraz de carnaval.
Soy una sonrisa hipócrita los lunes por la mañana.
Soy la musa de alguien que no aparece.
Soy un corazón borroso en la mano izquierda después de clase.
Soy los garabatos de una tarde de estudio poco productiva.
Soy los dos segundos en los que nuestras miradas se cruzan.
Soy la alegría que me da su sonrisa.
Soy dos nombres en la puerta del baño de un bar.
Soy un juntos para siempre que no duró lo suficiente.
Soy las promesas que nunca cumplirás.
Soy las promesas que nunca romperé.
Soy un gato que se esconde de la lluvia.
Soy el olor a frambuesa que inunda sus pulmones.
Soy una mente confusa después de un sábado de fiesta.
Soy unos tacones poco usados.
Soy un reloj que se paró un martes a las 17:47
Soy el último pétalo de una margarita que dice "me quiere".
Soy la ilusa que piensa que la margarita lleva razón.
Soy una pompa de jabón entre frágil e indestructible.
Soy el globo que perdí en un parque.
Soy una fecha sin importancia.
Soy una pulsera perdida en el fondo de un río.
Soy el orgullo de no realizar una llamada.
Soy las mariposas en el estómago de cuando estás enamorada.
Soy un libro inacabado.
Soy un poema sin destinatario.
Soy una canción de desamor.
Soy un juego de dos.
Soy tres dobleseis en un tablero de monopoli.
Soy un idioma casi indescifrable.
Soy una caja de bombones autorregalada en San Valentín.
Soy un ramo de flores esperando ser regalado, en San Valentín también.
Soy la luz que busca oscuridad.
Soy el cariño que no sé a quién dar.
Soy la dulzura que desemboca en lo macabro.
Soy un corazón acelerado minutos antes de verle.
Soy un amuleto de la suerte que nunca da suerte.
Soy caos, como una habitación desordenada antes de salir.
Soy el sentimiento que no sabe expresarse.
Soy la frase malentendida.
Soy un fracaso contra una victoria.
Soy un cuento que aún no se ha escrito.
Soy mi propio dialecto.
Soy las luces de un pueblo en fiestas.
Soy el insomnio de después de una peli de terror.
Soy las ojeras de una noche pensando en él.
Soy la curiosidad que mató al gato.
Soy el octavo color del arcoiris.
Soy una proyección de lo que fui.
Soy una versión mejorada de mí misma.
Soy mil experiencias en una.
Soy todo lo que me queda por vivir.
La importancia de las cosas que no importan
de mi vida.
sábado, 17 de octubre de 2009
Lady S : una loca madura.
Nunca os he hablado de Lady S, y creo que ya va siendo hora de que lo haga:
Lady S y yo no somos amigas de siempre, ni de nunca. No somos de estas que se han llevado bien desde el primer momento, ni desde el segundo, ni desde el tercero. Nuestra historia es complicada, y tardamos dos trimestres escolares en llevarnos bien. Y no fue hasta el curso siguiente cuando empezamos a ser amigas. Y todo, de algún modo, por Jota el inombrable. En cualquier caso, ésa, es otra historia.
Lady S es de esas chicas que intimidan, con carácter y que si tiene que decirte algo a la cara no se lo piensa ni media milésima de segundo; directamente ni lo piensa. Y lo mismo pasa si tiene que pegar a alguien. Pero antes de llegar a las manos, Lady S siempre dialoga.
Es una chica peculiar, de estas a las que no le gustan los príncipes azules pero en cambio son de las primeras en encontrarlo. Porque sí, Lady S tiene un príncipe azul, y yo me alegro mucho por ella. Porque se lo merece. A Lady S le han tocado chicos de esos que se califican de indeseables para cualquiera, y ya iba siendo hora que apareciera uno de esos que se califican de envidiables por todas las mujeres del planeta tierra. Pero tiene un problema, y es que su príncipe azul vive lejos. Lady S dice que ahora entiende lo que me pasaba con Jota el inombrable.
La verdad es que mi vida y la de Lady S son muy parecidas, casi paralelas. Desde siempre. Y en base a eso cada una hemos desarrollado una de las dos personalidades posibles de desarrollar, siendo en nuestro interior idénticas. Si me pongo a hablar con Lady S el tiempo vuela, y nos entendemos perfectamente. Lady S es más fuerte que yo (aunque ella lo niega), y por eso siempre es una de las primeras personas a las que recurro en busca de ayuda, y Lady S siempre está ahí para ayudarme. Lady S me enseñó que la perfección es aburrida.
Aunque incluso siendo amigas nos peleamos, eh. Porque Lady S y yo diferimos en aspectos como pueda ser la política. Por eso la evitamos. Y nos peleamos por pocas cosas más, porque Lady S es una persona justa y de fiar.
Lady S y yo hemos hecho muchas cosas juntas, porque nos encanta ser malas. ¡Es tan divertido! Nos hemos reído de la gente todo lo que hemos querido ¡y más! Un San Valentín hicimos una carta de amor falsa. Todos picaron. Pero en el fondo es una buenísima persona.
A Lady S le encanta la película de el Rey León 3: Hakuna Matata. Y a mi también. Un día tiene que volver a mi casa para verla, porque la primera vez que la vio fue en mi casa. Y eso es todo lo infantil que tiene Lady S. Todo lo demás es madurez y pura fiesta. Bueno, y vaguería, porque Lady S es muy vaga. Y ella lo reconoce. Pero como yo. Cuando nos juntamos nadie estudia para un exámen. Pero no importa, porque, como diría Lady S estamos en edad de disfrutar, no de encerrarnos por un exámen.
Echo de menos a Lady S.
Lady S y yo no somos amigas de siempre, ni de nunca. No somos de estas que se han llevado bien desde el primer momento, ni desde el segundo, ni desde el tercero. Nuestra historia es complicada, y tardamos dos trimestres escolares en llevarnos bien. Y no fue hasta el curso siguiente cuando empezamos a ser amigas. Y todo, de algún modo, por Jota el inombrable. En cualquier caso, ésa, es otra historia.
Lady S es de esas chicas que intimidan, con carácter y que si tiene que decirte algo a la cara no se lo piensa ni media milésima de segundo; directamente ni lo piensa. Y lo mismo pasa si tiene que pegar a alguien. Pero antes de llegar a las manos, Lady S siempre dialoga.
Es una chica peculiar, de estas a las que no le gustan los príncipes azules pero en cambio son de las primeras en encontrarlo. Porque sí, Lady S tiene un príncipe azul, y yo me alegro mucho por ella. Porque se lo merece. A Lady S le han tocado chicos de esos que se califican de indeseables para cualquiera, y ya iba siendo hora que apareciera uno de esos que se califican de envidiables por todas las mujeres del planeta tierra. Pero tiene un problema, y es que su príncipe azul vive lejos. Lady S dice que ahora entiende lo que me pasaba con Jota el inombrable.
La verdad es que mi vida y la de Lady S son muy parecidas, casi paralelas. Desde siempre. Y en base a eso cada una hemos desarrollado una de las dos personalidades posibles de desarrollar, siendo en nuestro interior idénticas. Si me pongo a hablar con Lady S el tiempo vuela, y nos entendemos perfectamente. Lady S es más fuerte que yo (aunque ella lo niega), y por eso siempre es una de las primeras personas a las que recurro en busca de ayuda, y Lady S siempre está ahí para ayudarme. Lady S me enseñó que la perfección es aburrida.
Aunque incluso siendo amigas nos peleamos, eh. Porque Lady S y yo diferimos en aspectos como pueda ser la política. Por eso la evitamos. Y nos peleamos por pocas cosas más, porque Lady S es una persona justa y de fiar.
Lady S y yo hemos hecho muchas cosas juntas, porque nos encanta ser malas. ¡Es tan divertido! Nos hemos reído de la gente todo lo que hemos querido ¡y más! Un San Valentín hicimos una carta de amor falsa. Todos picaron. Pero en el fondo es una buenísima persona.
A Lady S le encanta la película de el Rey León 3: Hakuna Matata. Y a mi también. Un día tiene que volver a mi casa para verla, porque la primera vez que la vio fue en mi casa. Y eso es todo lo infantil que tiene Lady S. Todo lo demás es madurez y pura fiesta. Bueno, y vaguería, porque Lady S es muy vaga. Y ella lo reconoce. Pero como yo. Cuando nos juntamos nadie estudia para un exámen. Pero no importa, porque, como diría Lady S estamos en edad de disfrutar, no de encerrarnos por un exámen.
Echo de menos a Lady S.
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
domingo, 4 de octubre de 2009
Lo que me gusta.
Me gusta comer nocilla a cucharadas.
Me gusta jugar con la espuma en la bañera.
Me gusta escribir en el espejo empañado.
Me gusta pintar corazones en el espejo con rojo carmín.
Me gusta hacerme fotos con mi vestido morado.
Me gusta hacerme fotos en general.
Me gusta explotar las pompas de los envoltorios.
Me gusta dibujar las mejores escenas de mi día a día.
Me gusta comprarme faldas de cuadros.
Me gusta cantar y creer que canto bien.
Me gusta improvisar coreografías.
Me gusta saltar en los charcos cuando llueve.
Me gusta comer chocolate después de cenar.
Me gusta dar abrazos.
Me gusta jugar a que soy mayor.
Me gusta jugar a que soy fuerte.
Me gusta comerme el queso de la pizza y dejar lo demás.
Me gusta quitarle el gas a la Coca-cola.
Me gusta mirar por la ventana sin más.
Me gusta el color del otoño.
Me gusta la nieve.
Me gusta coquetear.
Me gusta provocar.
Me gusta tentar.
Me gustan las tentaciones.
Me gusta lo prohibido.
Me gustan los riesgos.
Me gustan los aviones.
Me gustan los pantalones anchos.
Me gusta sonrojarme.
Me gusta ilusionarme.
Me gusta soñar despierta.
Me gusta acostarme tarde.
Me gusta dormir hasta tarde.
Me gusta decir cosas sin sentido.
Me gusta hacer cosas sin pensar.
Me gusta improvisar.
Me gusta imaginarme mi futuro.
Me gusta recordar mi pasado.
Me gusta modificar el día con la mente.
Me gusta entender a las personas.
Me gusta curiosear.
Me gusta jugar a ser pequeña.
Me gusta creer que existen las princesas.
Me gusta creer que hay un príncipe para mí.
Me gustan los peluches.
Me gusta hacer regalos.
Me gusta ver la felicidad de las personas.
Me gusta querer. Y que me quieran.
Me gusta leer.
Me gusta ver películas románticas.
Me gusta jugar a ser la protagonista de una peli romántica.
Me gusta disfrazarme.
Me gusta ir de fiesta.
Me gusta conocer gente nueva.
Me gustan los chicos guapos.
Me gusta pedir deseos a las estrellas fugaces.
Me gusta creer en el destino.
Me gusta (a veces) mi forma de pensar.
Me gustan las tortitas con nata.
Me gusta bailar por la calle.
Me gusta la Plaza Mayor en Navidad.
Me gusta (a veces) la Navidad.
Me gusta pasarme horas en el ordenador.
Me gusta retocar fotos.
Me gusta que lean lo que escribo.
Me gusta (a veces) ser el centro de atención.
Me gusta ponerme filosófica.
Me gusta hacer feliz a la gente.
Me gusta cambiar constantemente.
Me gustan las cosas imperfectas.
Me gusta complicar las cosas.
Me gusta que se preocupen por mí.
Me gusta jugar al chinchón.
Me gusta escuchar canciones cursis.
Me gustan las Jotas.
Me gustan las fechas.
Me gustan los mordiscos.
Me gustan los besos en el cuello.
Me gusta jugar con su pelo.
Me gustan los vaqueros caidos en los chicos.
Me gusta el invierno.
Me gusta el frío.
Me gusta la poesía.
Me gustan los colores.
Me gustan los fuegos artificiales.
Me gustan las miradas.
Me gusta mirar con desdén.
Me gustan las pecas.
Me gustan los ojos oscuros.
Me gustan los gatos.
Me gustan los secretos.
Me gustan las tonterías.
Me gusta dormir.
Me gusta salir.
Me gusta sentir.
Me gusta sonreír.
Me gusta releer Don Juan Tenorio.
Me gusta Tristán e Isolda.
Me gusta llorar en el cine.
Me gusta que llueva.
Me gustan los días nublados.
Me gusta estar enamorada.
Me gusta él.
Me gusta jugar con la espuma en la bañera.
Me gusta escribir en el espejo empañado.
Me gusta pintar corazones en el espejo con rojo carmín.
Me gusta hacerme fotos con mi vestido morado.
Me gusta hacerme fotos en general.
Me gusta explotar las pompas de los envoltorios.
Me gusta dibujar las mejores escenas de mi día a día.
Me gusta comprarme faldas de cuadros.
Me gusta cantar y creer que canto bien.
Me gusta improvisar coreografías.
Me gusta saltar en los charcos cuando llueve.
Me gusta comer chocolate después de cenar.
Me gusta dar abrazos.
Me gusta jugar a que soy mayor.
Me gusta jugar a que soy fuerte.
Me gusta comerme el queso de la pizza y dejar lo demás.
Me gusta quitarle el gas a la Coca-cola.
Me gusta mirar por la ventana sin más.
Me gusta el color del otoño.
Me gusta la nieve.
Me gusta coquetear.
Me gusta provocar.
Me gusta tentar.
Me gustan las tentaciones.
Me gusta lo prohibido.
Me gustan los riesgos.
Me gustan los aviones.
Me gustan los pantalones anchos.
Me gusta sonrojarme.
Me gusta ilusionarme.
Me gusta soñar despierta.
Me gusta acostarme tarde.
Me gusta dormir hasta tarde.
Me gusta decir cosas sin sentido.
Me gusta hacer cosas sin pensar.
Me gusta improvisar.
Me gusta imaginarme mi futuro.
Me gusta recordar mi pasado.
Me gusta modificar el día con la mente.
Me gusta entender a las personas.
Me gusta curiosear.
Me gusta jugar a ser pequeña.
Me gusta creer que existen las princesas.
Me gusta creer que hay un príncipe para mí.
Me gustan los peluches.
Me gusta hacer regalos.
Me gusta ver la felicidad de las personas.
Me gusta querer. Y que me quieran.
Me gusta leer.
Me gusta ver películas románticas.
Me gusta jugar a ser la protagonista de una peli romántica.
Me gusta disfrazarme.
Me gusta ir de fiesta.
Me gusta conocer gente nueva.
Me gustan los chicos guapos.
Me gusta pedir deseos a las estrellas fugaces.
Me gusta creer en el destino.
Me gusta (a veces) mi forma de pensar.
Me gustan las tortitas con nata.
Me gusta bailar por la calle.
Me gusta la Plaza Mayor en Navidad.
Me gusta (a veces) la Navidad.
Me gusta pasarme horas en el ordenador.
Me gusta retocar fotos.
Me gusta que lean lo que escribo.
Me gusta (a veces) ser el centro de atención.
Me gusta ponerme filosófica.
Me gusta hacer feliz a la gente.
Me gusta cambiar constantemente.
Me gustan las cosas imperfectas.
Me gusta complicar las cosas.
Me gusta que se preocupen por mí.
Me gusta jugar al chinchón.
Me gusta escuchar canciones cursis.
Me gustan las Jotas.
Me gustan las fechas.
Me gustan los mordiscos.
Me gustan los besos en el cuello.
Me gusta jugar con su pelo.
Me gustan los vaqueros caidos en los chicos.
Me gusta el invierno.
Me gusta el frío.
Me gusta la poesía.
Me gustan los colores.
Me gustan los fuegos artificiales.
Me gustan las miradas.
Me gusta mirar con desdén.
Me gustan las pecas.
Me gustan los ojos oscuros.
Me gustan los gatos.
Me gustan los secretos.
Me gustan las tonterías.
Me gusta dormir.
Me gusta salir.
Me gusta sentir.
Me gusta sonreír.
Me gusta releer Don Juan Tenorio.
Me gusta Tristán e Isolda.
Me gusta llorar en el cine.
Me gusta que llueva.
Me gustan los días nublados.
Me gusta estar enamorada.
Me gusta él.
La importancia de las cosas que no importan
de mi vida.
jueves, 24 de septiembre de 2009
Bedobleuve se hace viejo.
Porque hoy, veinticuatro de septiembre del dos mil nueve mi querido Bedobleuve cumple dieciséis años. Y yo no he podido estar a su lado para felicitarle como es debido...
No puedo decir nada que él ya no sepa. Son tres años los que llevo a su lado, o él al mío, depende de como se mire. Tres años con más de cinco millones de sonrisas; tres años en los que no me ha fallado nunca; tres años en los que me ha dado más oportunidades que nadie; tres años pidiéndole consejos sobre la vida... Tres años increíbles.
Cuando pienso que al principio no quería ser amiga suya me pongo mala. ¿Quién no querría ser amiga de Bedobleuve? Pero es que me daba cosa. Era tan grande, y tenía cara de pocos amigos. Y resulta que un día, no sé cómo, empezamos a hablar de los pokémon. Y así fue como Bedobleuve y yo empezamos a ser amigos, y cada día le saludaba con un eufórico "PIKACHUUUU".
Oh, que tiempos aquellos. Los echo de menos. Echo de menos sus gracias, su pasotismo, que se acople a una conversación en la que no se le quiere... Todo, lo echo de menos todo.
Esta mañana he llegado a clase y no estaba impaciente por verle entrar por la puerta y ser la primera en felicitarle de buena mañana, porque sabía que no iba a llegar. Es lo que tiene cambiarse de cole, que los pequeños grandes detalles se van perdiendo. Pero me he acordado de él. En todo momento.
Muchísimas felicidades, Bedobleuve.
Como dirías tú, eres como el vino: cuanto más pasan los años, más bueno te pones.
(no te lo creas mucho narcisista)
Te quiero.
No puedo decir nada que él ya no sepa. Son tres años los que llevo a su lado, o él al mío, depende de como se mire. Tres años con más de cinco millones de sonrisas; tres años en los que no me ha fallado nunca; tres años en los que me ha dado más oportunidades que nadie; tres años pidiéndole consejos sobre la vida... Tres años increíbles.
Cuando pienso que al principio no quería ser amiga suya me pongo mala. ¿Quién no querría ser amiga de Bedobleuve? Pero es que me daba cosa. Era tan grande, y tenía cara de pocos amigos. Y resulta que un día, no sé cómo, empezamos a hablar de los pokémon. Y así fue como Bedobleuve y yo empezamos a ser amigos, y cada día le saludaba con un eufórico "PIKACHUUUU".
Oh, que tiempos aquellos. Los echo de menos. Echo de menos sus gracias, su pasotismo, que se acople a una conversación en la que no se le quiere... Todo, lo echo de menos todo.
Esta mañana he llegado a clase y no estaba impaciente por verle entrar por la puerta y ser la primera en felicitarle de buena mañana, porque sabía que no iba a llegar. Es lo que tiene cambiarse de cole, que los pequeños grandes detalles se van perdiendo. Pero me he acordado de él. En todo momento.
Muchísimas felicidades, Bedobleuve.
Como dirías tú, eres como el vino: cuanto más pasan los años, más bueno te pones.
(no te lo creas mucho narcisista)
Te quiero.
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Cuidado con Drii.
Drii es una persona como hay muchas en este mundo. Sí, ya sabéis, de estas personas a las que le encanta pasárselo bien, que si por ella fuera todo sería fiesta; una persona que suele ser simpática con todo el mundo y, como la mayoría de la humanidad, mira por su bien antes que por el de otros. Personas así hay muchas. Pero Drii no se queda solo en eso. Drii tiene otra faceta.
Ella es una chica responsable, o al menos hace por serlo. Cuando hay que hablar en serio, Drii se pone seria; cuando alguien está mal, Drii suele ir a ver a esa persona (siempre y cuando esa persona sea amiga de Drii), cuando no se puede ir de fiesta porque hay que estudiar, Drii se queda en casa y, a veces, estudia. Drii tiene las cosas claras, sabe lo que quiere y cómo lo quiere, y además es muuuuuuy cabezota: si a Drii se le mete algo en esa cabezita suya, Drii puede morir por defenderlo y/o conseguirlo.
Pero la cabezonería de Drii a veces es mala, porque si topa con otro/a cabezota se puede liar la de Dios. Y no exagero. Además, los cabezotas como Drii suelen ser muy muy orgullosos, y sí, Drii es muuuuuuuuuy orgullosa: puede acordarse de algo ¡durante años! Así que sí, Drii es algo rencorosa también. Y Drii enfadada tiene mucho peligro, así que CUIDADO. Aunque tengo que admitir que todo esto último lo soy yo también. Pero Drii y yo siempre nos perdonamos, porque somos como hermanas.
Con Drii he hecho mil locuras, como coger un tren para ver a unos chicos que al día siguiente se iban a Londres, su ciudad natal. Y muchas más cosas que no os voy a contar. A veces mis padres y los padres de Drii nos castigan sin quedar juntas, solas, porque siempre que lo hacemos pasa algo. Pero nunca es demasiado tiempo, porque Drii y yo siempre conseguimos escaquearnos de los castigos y que todo quede en algo más leve.
Drii y yo lo pasamos muy bien, con un tarro de nocilla y dos cocacolas podemos hacer de la tarde más aburrida el día más interesante de nuestra vida. Además Drii y yo tenemos telepatía, siempre terminamos las frases la una de la otra. Antes éramos muy iguales: nos gustaba la misma música, la misma ropa, los mismo libros... Ahora hemos cambiado, somos más diferentes. Ella tiene su estilo, más bien visto, más pijita... Y yo... pues bueno, yo y mis pintas, como dice ella. Pero hay algo en lo que nunca hemos coincidido y espero que nunca coincidamos: los chicos. Mi propototipo de hombre es algo así como: pálido, pelo negro/castaño oscuro, ojos negros/marrones oscuros (y, en ocasiones, verdes)... En cambio a ella le gustan los morenos, rubios, de ojos claros, pelo wash... En fin, el típico tipicazo que le gusta a prácticamente todas las mujeres de este planeta. Lo cual es bueno, porque así Drii y yo no nos pelearemos por ningún chico nunca.
Al contrario, Drii y yo nos peleamos porque una se mete con los chicos que le gustan a la otra. Y rectifico, Drii se mete con los chicos que me gustan, y eso me saca de quicio. Sí, sí, porque, haber por qué se tiene que meter ella con un chico al que no conoce, por lo tanto no sabe ni cómo es. Es, realmente, lo que más me molesta de Drii. Pero al final siempre lo solucionamos, porque las amigas siempre solucionan los problemas.
Además, yo quiero mucho a Drii.
Ella es una chica responsable, o al menos hace por serlo. Cuando hay que hablar en serio, Drii se pone seria; cuando alguien está mal, Drii suele ir a ver a esa persona (siempre y cuando esa persona sea amiga de Drii), cuando no se puede ir de fiesta porque hay que estudiar, Drii se queda en casa y, a veces, estudia. Drii tiene las cosas claras, sabe lo que quiere y cómo lo quiere, y además es muuuuuuy cabezota: si a Drii se le mete algo en esa cabezita suya, Drii puede morir por defenderlo y/o conseguirlo.
Pero la cabezonería de Drii a veces es mala, porque si topa con otro/a cabezota se puede liar la de Dios. Y no exagero. Además, los cabezotas como Drii suelen ser muy muy orgullosos, y sí, Drii es muuuuuuuuuy orgullosa: puede acordarse de algo ¡durante años! Así que sí, Drii es algo rencorosa también. Y Drii enfadada tiene mucho peligro, así que CUIDADO. Aunque tengo que admitir que todo esto último lo soy yo también. Pero Drii y yo siempre nos perdonamos, porque somos como hermanas.
Con Drii he hecho mil locuras, como coger un tren para ver a unos chicos que al día siguiente se iban a Londres, su ciudad natal. Y muchas más cosas que no os voy a contar. A veces mis padres y los padres de Drii nos castigan sin quedar juntas, solas, porque siempre que lo hacemos pasa algo. Pero nunca es demasiado tiempo, porque Drii y yo siempre conseguimos escaquearnos de los castigos y que todo quede en algo más leve.
Drii y yo lo pasamos muy bien, con un tarro de nocilla y dos cocacolas podemos hacer de la tarde más aburrida el día más interesante de nuestra vida. Además Drii y yo tenemos telepatía, siempre terminamos las frases la una de la otra. Antes éramos muy iguales: nos gustaba la misma música, la misma ropa, los mismo libros... Ahora hemos cambiado, somos más diferentes. Ella tiene su estilo, más bien visto, más pijita... Y yo... pues bueno, yo y mis pintas, como dice ella. Pero hay algo en lo que nunca hemos coincidido y espero que nunca coincidamos: los chicos. Mi propototipo de hombre es algo así como: pálido, pelo negro/castaño oscuro, ojos negros/marrones oscuros (y, en ocasiones, verdes)... En cambio a ella le gustan los morenos, rubios, de ojos claros, pelo wash... En fin, el típico tipicazo que le gusta a prácticamente todas las mujeres de este planeta. Lo cual es bueno, porque así Drii y yo no nos pelearemos por ningún chico nunca.
Al contrario, Drii y yo nos peleamos porque una se mete con los chicos que le gustan a la otra. Y rectifico, Drii se mete con los chicos que me gustan, y eso me saca de quicio. Sí, sí, porque, haber por qué se tiene que meter ella con un chico al que no conoce, por lo tanto no sabe ni cómo es. Es, realmente, lo que más me molesta de Drii. Pero al final siempre lo solucionamos, porque las amigas siempre solucionan los problemas.
Además, yo quiero mucho a Drii.
La importancia de las cosas que no importan
de mis humanos preferidos.
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