(Las que hice y las que me hicieron.)
Aquellas promesas de fin de año...
Prometo que este año me voy a esforzar más. (como siempre)
Prometo que este año voy a ser mejor persona.
Prometo que este año me busco novio serio. (otra cosa es encontrarlo...)
Prometo que este año no me voy a pelear con mis padres.
Prometo que este año no voy a llorar por ningún hombre. (¡Que te lo has creído!)
Prometo que este año no me voy a enamorar. (¿No enamorarme? imposible)
Aquellas que te hice...
Te prometo que no me van a besar otros labios que no sean los tuyos. (era inevitable)
Te prometo que pase lo que pase siempre te voy a amar. (lo dije en serio)
Te prometo que siempre te voy a esperar. (JÁ)
Te prometo que voy a ser feliz.
Te prometo que no te vuelvo a llamar. (si pudiera...)
Te prometo que siempre vas a ser el primero. (eso está por ver)
Aquellas que me hice...
Prometo que no voy a volver a mirar su foto. (si pudiera...)
Prometo que no voy a releer mi diario.
Prometo que no vuelvo a preguntar por él.
Prometo que no me voy a dejar engañar.
Prometo que esta vez va en serio.
Prometo que para el próximo examen estudio. (como para todos)
Prometo que de este finde no pasa.
Prometo que ningún tío volverá a hacerme daño. (fe es lo que yo tengo)
Prometo que no vuelvo a creerme una promesa. (bueno, al fin dices algo con sentido)
Prometo que no vuelvo a prometer nada. (¿todo lo anterior que son?)
Aquellas que les hice...
Te prometo que no me gusta. (me gusta mucho)
Te prometo que solo me gusta. (me encanta)
Te prometo que no le quiero. (con locura)
Te prometo que le quiero pero poco. (estoy a punto de enamorarme)
Te prometo que este es diferente. (eso me gustaría a mí)
Te prometo que no es amor de verdad.
Te prometo que ya no pienso en él. (¡mentira cochina!)
Te prometo que no lo voy a hacer más.
Aquellas que me hiciste...
Prometiste no dejarme nunca. (te creí)
Prometiste amarme siempre. (te creí)
Prometiste que era lo que tú más querías. (te creí)
Prometiste que sin mí te morías. (te creí)
Prometiste llegar conmigo a la tumba. (te creí)
Prometiste cuidarme por encima de todo. (te creí)
Prometiste no dejar que nada me hiciera daño. (te creí)
Prometiste que vendrías a por mí. (te creí)
Prometiste que me llevarías lejos... (te creí)
Prometiste acordarte de mí siempre. (te creí)
Aquellas que me hicieron...
Prometieron dejarme perforarme el labio. (ilusa)
Prometieron dejarme teñirme de colores. (ilusa)
Prometieron un viaje a París.
Prometieron ser mis amigos siempre.
Prometió estar siempre a mi lado.
Prometió que no se rompería nunca.
Prometieron dibujar mis sonrisas.
Prometieron no dejarme caer.
Y todas las que, definitivamente, rompí, rompiste, rompió y rompieron.
Prometo que no le vuelvo a llamar.
Prometo no volver a mirar su foto.
Prometo no volver a hacerlo.
Prometo que no vuelvo a llorar por un hombre.
Prometo que no vuelvo a querer a nadie.
Prometo ser feliz.
Prometiste no dejarme nunca.
Prometiste que estaríamos juntos para siempre.
Prometiste llevarme lejos.
Prometiste volver.
Prometió quererme.
Prometió quedarse.
Prometió no fallarme.
Prometieron no dejarme caer de nuevo.
Prometieron obligarme a no hacerlo.
Prometieron estar siempre.
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domingo, 2 de agosto de 2009
miércoles, 29 de julio de 2009
Everland.
Everland es un lugar lleno de color y felicidad, de alegría y sonrisas. Está en la segunda estrella a la izquierda de mi mente, y hace mucho que no me paso por allí. Siempre hago intentos de visitarlo, pero siempre me quedo a mitad de camino. Supongo que os preguntaréis por qué.
Veréis, Everland es mi Neverland personal, y todos tenemos que crecer algún día. Pero yo hoy quiero volver a mi querida y dulce infancia. Allí siempre he sido feliz, ya sabéis, es donde todo se arregla con un no se vale y lo único que importa es que el mar no derribe mi castillo de arena. Hay ninfas, piratas y un arcoiris que solo se va los días en los que mi madre me castiga. Aunque de eso hace mucho. La verdad es que lo echo de menos. Jugaba a que era Suzel, y él, el protagonista de todas mis aventuras y mi hermano mayor mega protector, Connor Luz. Que recuerdos... Hoy, definitivamente, voy a llegar. Supongo que seguuirá todo como antes...
Pero para mi sorpresa estoy en un error, quizá el error más grande de mi vida. ¿Qué ha pasado aquí? ¿Dónde están los colores, las felices mariposas y las sonrisas? ¿Y los juguetes? Pero si este era el lugar más hermoso, brillante y apetecible del mundo... Y en cambio ahora parece estar... ¿En ruinas?
Si no está en ruinas está casi en ruinas... Y todo es por mi culpa, por abandonar este admirable lugar. ¿Por qué decidí crecer? Ah sí, por los chicos. Por los chicos y todo lo demás. Todos tenemos que crecer algún día, al menos si quieres tener amigos de tu edad. Pero si nunca me hubiera ido ahora no tendría que ver este lugar, que sufre en silencio y sin molestar a la adolescente que ahora soy... ¿Cómo he podido? Este siempre había sido mi refugio, cuando alguien me dañaba corría hasta aquí. Era mi fortaleza, y hoy que necesitaba su refugio me lo encuentro destrozado... ¿Por qué? Ahora en vez de poder comportarme como una cría tengo que reconstruírlo...
¿Queréis saber más de Everland?
http://ninfapoetica.blogspot.com/
Veréis, Everland es mi Neverland personal, y todos tenemos que crecer algún día. Pero yo hoy quiero volver a mi querida y dulce infancia. Allí siempre he sido feliz, ya sabéis, es donde todo se arregla con un no se vale y lo único que importa es que el mar no derribe mi castillo de arena. Hay ninfas, piratas y un arcoiris que solo se va los días en los que mi madre me castiga. Aunque de eso hace mucho. La verdad es que lo echo de menos. Jugaba a que era Suzel, y él, el protagonista de todas mis aventuras y mi hermano mayor mega protector, Connor Luz. Que recuerdos... Hoy, definitivamente, voy a llegar. Supongo que seguuirá todo como antes...
Pero para mi sorpresa estoy en un error, quizá el error más grande de mi vida. ¿Qué ha pasado aquí? ¿Dónde están los colores, las felices mariposas y las sonrisas? ¿Y los juguetes? Pero si este era el lugar más hermoso, brillante y apetecible del mundo... Y en cambio ahora parece estar... ¿En ruinas?
Si no está en ruinas está casi en ruinas... Y todo es por mi culpa, por abandonar este admirable lugar. ¿Por qué decidí crecer? Ah sí, por los chicos. Por los chicos y todo lo demás. Todos tenemos que crecer algún día, al menos si quieres tener amigos de tu edad. Pero si nunca me hubiera ido ahora no tendría que ver este lugar, que sufre en silencio y sin molestar a la adolescente que ahora soy... ¿Cómo he podido? Este siempre había sido mi refugio, cuando alguien me dañaba corría hasta aquí. Era mi fortaleza, y hoy que necesitaba su refugio me lo encuentro destrozado... ¿Por qué? Ahora en vez de poder comportarme como una cría tengo que reconstruírlo...
¿Queréis saber más de Everland?
http://ninfapoetica.blogspot.com/
La importancia de las cosas que no importan
de mis cosas.
lunes, 13 de julio de 2009
El baúl de mis fracasos.
Al fondo de mi mente, a la derecha, hay una puerta tras la que podemos encontrar unas escaleras. Bajando por ellas llegamos a un sótano oscuro en el cual hay un baúl: el baúl de mis fracasos.
En él están todos los fracasos de mi vida, archivados cronológicamente: desde un pis incontenible una noche en la cama hasta un amor que no se quedó el tiempo esperado.
No suelo visitar el sótano, que como imaginaréis, es un lugar lúgubre, sin a penas ventilación y lleno de polvo y telerañas. Pero hay veces que no me queda otro remedio que bajar y abrir el baúl, que pasa cerrado todo el tiempo que soy capaz de mantenerlo ordenado. Pero ya tiene tantas cosas tan mal colocadas que esta vez no me ha quedado más remedio que abrirlo...
Recuerdo cada fracaso, tanto en forma de película como por una grabación o, simplemente, por fotos. Es bastante duro navegar entre tantos proyectos fallidos, entre tantas ilusiones rotas y decepciones que un día fueron esperanza. Mi mente sufre cada vez que debo recolocar el baúl de mis fracasos, pues, sin quererlo, me veo obligada a someterla a una de las peores torturas existentes.
¿El motivo de esta visita al sótano de mi mente? Mi último fracaso: una historia rota que parece no tener remedio.
Sin embargo me quedaré un tiempo por aquí, intentando rescatar este fracaso para convertirlo en una victoria y poder trasladarlo de habitación.
En él están todos los fracasos de mi vida, archivados cronológicamente: desde un pis incontenible una noche en la cama hasta un amor que no se quedó el tiempo esperado.
No suelo visitar el sótano, que como imaginaréis, es un lugar lúgubre, sin a penas ventilación y lleno de polvo y telerañas. Pero hay veces que no me queda otro remedio que bajar y abrir el baúl, que pasa cerrado todo el tiempo que soy capaz de mantenerlo ordenado. Pero ya tiene tantas cosas tan mal colocadas que esta vez no me ha quedado más remedio que abrirlo...
Recuerdo cada fracaso, tanto en forma de película como por una grabación o, simplemente, por fotos. Es bastante duro navegar entre tantos proyectos fallidos, entre tantas ilusiones rotas y decepciones que un día fueron esperanza. Mi mente sufre cada vez que debo recolocar el baúl de mis fracasos, pues, sin quererlo, me veo obligada a someterla a una de las peores torturas existentes.
¿El motivo de esta visita al sótano de mi mente? Mi último fracaso: una historia rota que parece no tener remedio.
Sin embargo me quedaré un tiempo por aquí, intentando rescatar este fracaso para convertirlo en una victoria y poder trasladarlo de habitación.
La importancia de las cosas que no importan
de mis cosas.
jueves, 9 de julio de 2009
Mi santuario.
Unos pocos metros cuadrados, cuatro paredes verdes, una ventana y una puerta que da a una terraza. Un armario, una cama, un escritorio, una silla roja con una lámpara a juego, dos mesillas, una silla amarilla, un espejo y muchos pósters tapando mi pared verde. Cajones desordenados, zapatillas y calcetines por el suelo, una mini-cadena, un baúl y un corcho lleno de fotos. Así es mi cuarto, mi santuario.
Es el lugar donde me refugio, ha visto casi todo. Me ha visto llorar, caer, gritar, desgarrarme, arañarme, sostenerme en pie gracias a unas cortinas que han terminado rotas. Me ha visto pegar, romper, agonizar, desesperar. Ha escuchado todas mis conversaciones telefónicas (y lo que no eran conversaciones), ha secado mis lágrimas con la almohada de su cama, ha escondido mi diario, mis cartas, todos mis secretos, ha cuidado de mí en silencio, me ha visto reir y enloquecer. Y con el paso de los años yo le he ido cuidando a él.
He cambiado el color de sus paredes: blancas, amarillas, lilas, magenta, amarillas de nuevo y finalmente, verdes. Por sus paredes han pasado desde muñecas de porcelana y puzzles de Disney hasta pósters de Victoria Francés.
Ha leído todos mis textos y me ha dado cobijo cuando no he querido saber nada del mundo. Ha sido mi casa, sumida en la oscuridad de las persianas bajadas, durante tres días seguidos en los que no quise saber nada del mundo. Me ha escuchado desear acabar con mi vida y sonreír jubilosa por sentirme la más afortunada de las chicas. Siempre ha estado conmigo, y si tuviera que decir de alguien que me conociera realmente bien, hablaría de él, pues lo sabe todo.
Y ahora, una vez más, necesito que me refugie entre su verde, color de la esperanza.
Es el lugar donde me refugio, ha visto casi todo. Me ha visto llorar, caer, gritar, desgarrarme, arañarme, sostenerme en pie gracias a unas cortinas que han terminado rotas. Me ha visto pegar, romper, agonizar, desesperar. Ha escuchado todas mis conversaciones telefónicas (y lo que no eran conversaciones), ha secado mis lágrimas con la almohada de su cama, ha escondido mi diario, mis cartas, todos mis secretos, ha cuidado de mí en silencio, me ha visto reir y enloquecer. Y con el paso de los años yo le he ido cuidando a él.
He cambiado el color de sus paredes: blancas, amarillas, lilas, magenta, amarillas de nuevo y finalmente, verdes. Por sus paredes han pasado desde muñecas de porcelana y puzzles de Disney hasta pósters de Victoria Francés.
Ha leído todos mis textos y me ha dado cobijo cuando no he querido saber nada del mundo. Ha sido mi casa, sumida en la oscuridad de las persianas bajadas, durante tres días seguidos en los que no quise saber nada del mundo. Me ha escuchado desear acabar con mi vida y sonreír jubilosa por sentirme la más afortunada de las chicas. Siempre ha estado conmigo, y si tuviera que decir de alguien que me conociera realmente bien, hablaría de él, pues lo sabe todo.
Y ahora, una vez más, necesito que me refugie entre su verde, color de la esperanza.
La importancia de las cosas que no importan
de mis cosas.
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