viernes 13 de noviembre de 2009

La profe de lengua y sus cosas.

Hace dos años tuve una profe de lengua muy peculiar, de esas profes que nunca esperas echar de menos; pero luego siempre te equivocas...
Sí, porque ella era la típica que se ponía muy nerviosa con nada. Sinceramente, sería cosa de la edad, porque la mujer ya estaba mayor. Pero ella quería seguir en la docencia, era lo que la gustaba y lo único que la quedaba de su marido... Porque su marido fue director de mi antiguo cole, era su sueño, el que empezaron juntos y ella no lo quiso abandonar. Aunque al final tuvo que hacerlo, claro.
Así que era una profe de esas que usan expresiones raras, de las que no usa nadie, tales como "dejad de hacer sonidos de ultratumba", "como un elefante por una cacharrería" o "este acueducto aprovechad para estudiar". Estaba un poco loca. Además era muy inocente, así que todos la vacilaban fácilmente. A veces pienso que era consciente, pero que se dejaba... Y era fácil entretenerla en clase, aunque luego nos dejaba sin patio por haberla distraído.
Yo, sinceramente, no la soportaba. Me ponía muy nerviosa su aguda voz, su cabezonería (quizá es porque yo también la tengo), su imparcialidad... Aunque ella a mí me tenía mucho amor. Me llenaba a positivos, y nunca saqué menos de un 8'75 en un examen suyo. A veces me llevaba mal con ella. Otras veces hasta podíamos hablar. Pero lo que nunca me imaginé es que dos años después me fuera a acordar de ella y preguntarme cómo la irá todo.
En realidad era buena gente, con buenas intenciones y nada de maldad. Y con ella aprendí más de lo que me imaginaba. Sobre todo expresiones de la España profunda y que alguno que otro de mi exclase tiene algún trauma infantil oculto.
Y no sé, molaba.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Lo que soy.

Soy un sueño inacabado un sábado a las nueve de la mañana.
Soy una hoja de otoño que se niega a caer hasta que llega el invierno.
Soy los ojos azules más deslumbrantes de la zona.
Soy unas mejillas sonrojadas cuando él está presente.
Soy una sonrisa cálida 353 días al año.
Soy una mirada triste los días nueve de cada mes.
Soy un recuerdo imborrable por cada dieciocho.
Soy una muñeca de porcelana con sentimientos.
Soy una despedida que no quiere decir adiós.
Soy un peluche que está muriéndose por dormir entre sus brazos.
Soy el polo positivo de un polo negativo que aún no ha aparecido.
Soy multipolar.
Soy una niña pequeña que quiere irse de nunca jamás.
Soy una niña mayor que quiere volver a nunca jamás.
Soy una aspirante a princesa.
Soy el dibujo que no quise terminar.
Soy la carta de amor que nunca le daré.
Soy un bolígrafo sin tinta contra un folio en blanco.
Soy incertidumbre frente a miles de dudas.
Soy unos labios que se mueren por besarle.
Soy un montón de besos regalados, desperdiciados y mal empleados.
Soy la textura de aquel primer beso.
Soy el nerviosismo de antes.
Soy la presión de durante.
Soy la felicidad de después.
Soy la inquietud de los próximos cinco minutos en adelante.
Soy una ilusión que aún espera cumplirse.
Soy el deseo que una vez le pedí a una estrella.
Soy ese secreto que saben todos, y el que nadie descubrirá nunca.
Soy un millar de lágrimas empapando mi almohada.
Soy la pereza de los martes por la tarde.
Soy un domingo aburrido en casa.
Soy un espejo que busca su reflejo.
Soy la euforia de un viernes por la tarde.
Soy la risa tonta de un miércoles a las 12 a.m.
Soy una nube con carga eléctrica anunciando una tormenta.
Soy dos billetes de avión que nunca se usaron.
Soy una cabezota invencible.
Soy la ola que nunca se cansa de mojar el puerto.
Soy el pez que siempre lucha contra la corriente.
Soy una media sonrisa desganada cuando él no me habla.
Soy unos ojos inchados después de una noche llorando.
Soy lo que fui de Agosto a Abril.
Soy la que lo daría todo por él.
Soy la que nunca se cansa de intentarlo.
Soy las palabras que he dicho, digo y diré.
Soy, también, las palabras que no he dicho, no digo y no diré.
Soy una bolsa de kinder chocobons.
Soy los gogos que perdí.
Soy un disfraz de carnaval.
Soy una sonrisa hipócrita los lunes por la mañana.
Soy la musa de alguien que no aparece.
Soy un corazón borroso en la mano izquierda después de clase.
Soy los garabatos de una tarde de estudio poco productiva.
Soy los dos segundos en los que nuestras miradas se cruzan.
Soy la alegría que me da su sonrisa.
Soy dos nombres en la puerta del baño de un bar.
Soy un juntos para siempre que no duró lo suficiente.
Soy las promesas que nunca cumplirás.
Soy las promesas que nunca romperé.
Soy un gato que se esconde de la lluvia.
Soy el olor a frambuesa que inunda sus pulmones.
Soy una mente confusa después de un sábado de fiesta.
Soy unos tacones poco usados.
Soy un reloj que se paró un martes a las 17:47
Soy el último pétalo de una margarita que dice "me quiere".
Soy la ilusa que piensa que la margarita lleva razón.
Soy una pompa de jabón entre frágil e indestructible.
Soy el globo que perdí en un parque.
Soy una fecha sin importancia.
Soy una pulsera perdida en el fondo de un río.
Soy el orgullo de no realizar una llamada.
Soy las mariposas en el estómago de cuando estás enamorada.
Soy un libro inacabado.
Soy un poema sin destinatario.
Soy una canción de desamor.
Soy un juego de dos.
Soy tres dobleseis en un tablero de monopoli.
Soy un idioma casi indescifrable.
Soy una caja de bombones autorregalada en San Valentín.
Soy un ramo de flores esperando ser regalado, en San Valentín también.
Soy la luz que busca oscuridad.
Soy el cariño que no sé a quién dar.
Soy la dulzura que desemboca en lo macabro.
Soy un corazón acelerado minutos antes de verle.
Soy un amuleto de la suerte que nunca da suerte.
Soy caos, como una habitación desordenada antes de salir.
Soy el sentimiento que no sabe expresarse.
Soy la frase malentendida.
Soy un fracaso contra una victoria.
Soy un cuento que aún no se ha escrito.
Soy mi propio dialecto.
Soy las luces de un pueblo en fiestas.
Soy el insomnio de después de una peli de terror.
Soy las ojeras de una noche pensando en él.
Soy la curiosidad que mató al gato.
Soy el octavo color del arcoiris.
Soy una proyección de lo que fui.
Soy una versión mejorada de mí misma.
Soy mil experiencias en una.
Soy todo lo que me queda por vivir.

sábado 17 de octubre de 2009

Lady S : una loca madura.

Nunca os he hablado de Lady S, y creo que ya va siendo hora de que lo haga:

Lady S y yo no somos amigas de siempre, ni de nunca. No somos de estas que se han llevado bien desde el primer momento, ni desde el segundo, ni desde el tercero. Nuestra historia es complicada, y tardamos dos trimestres escolares en llevarnos bien. Y no fue hasta el curso siguiente cuando empezamos a ser amigas. Y todo, de algún modo, por Jota el inombrable. En cualquier caso, ésa, es otra historia.
Lady S es de esas chicas que intimidan, con carácter y que si tiene que decirte algo a la cara no se lo piensa ni media milésima de segundo; directamente ni lo piensa. Y lo mismo pasa si tiene que pegar a alguien. Pero antes de llegar a las manos, Lady S siempre dialoga.
Es una chica peculiar, de estas a las que no le gustan los príncipes azules pero en cambio son de las primeras en encontrarlo. Porque sí, Lady S tiene un príncipe azul, y yo me alegro mucho por ella. Porque se lo merece. A Lady S le han tocado chicos de esos que se califican de indeseables para cualquiera, y ya iba siendo hora que apareciera uno de esos que se califican de envidiables por todas las mujeres del planeta tierra. Pero tiene un problema, y es que su príncipe azul vive lejos. Lady S dice que ahora entiende lo que me pasaba con Jota el inombrable.
La verdad es que mi vida y la de Lady S son muy parecidas, casi paralelas. Desde siempre. Y en base a eso cada una hemos desarrollado una de las dos personalidades posibles de desarrollar, siendo en nuestro interior idénticas. Si me pongo a hablar con Lady S el tiempo vuela, y nos entendemos perfectamente. Lady S es más fuerte que yo (aunque ella lo niega), y por eso siempre es una de las primeras personas a las que recurro en busca de ayuda, y Lady S siempre está ahí para ayudarme. Lady S me enseñó que la perfección es aburrida.
Aunque incluso siendo amigas nos peleamos, eh. Porque Lady S y yo diferimos en aspectos como pueda ser la política. Por eso la evitamos. Y nos peleamos por pocas cosas más, porque Lady S es una persona justa y de fiar.
Lady S y yo hemos hecho muchas cosas juntas, porque nos encanta ser malas. ¡Es tan divertido! Nos hemos reído de la gente todo lo que hemos querido ¡y más! Un San Valentín hicimos una carta de amor falsa. Todos picaron. Pero en el fondo es una buenísima persona.
A Lady S le encanta la película de el Rey León 3: Hakuna Matata. Y a mi también. Un día tiene que volver a mi casa para verla, porque la primera vez que la vio fue en mi casa. Y eso es todo lo infantil que tiene Lady S. Todo lo demás es madurez y pura fiesta. Bueno, y vaguería, porque Lady S es muy vaga. Y ella lo reconoce. Pero como yo. Cuando nos juntamos nadie estudia para un exámen. Pero no importa, porque, como diría Lady S estamos en edad de disfrutar, no de encerrarnos por un exámen.
Echo de menos a Lady S.

domingo 4 de octubre de 2009

Lo que me gusta.

Me gusta comer nocilla a cucharadas.
Me gusta jugar con la espuma en la bañera.
Me gusta escribir en el espejo empañado.
Me gusta pintar corazones en el espejo con rojo carmín.
Me gusta hacerme fotos con mi vestido morado.
Me gusta hacerme fotos en general.
Me gusta explotar las pompas de los envoltorios.
Me gusta dibujar las mejores escenas de mi día a día.
Me gusta comprarme faldas de cuadros.
Me gusta cantar y creer que canto bien.
Me gusta improvisar coreografías.
Me gusta saltar en los charcos cuando llueve.
Me gusta comer chocolate después de cenar.
Me gusta dar abrazos.
Me gusta jugar a que soy mayor.
Me gusta jugar a que soy fuerte.
Me gusta comerme el queso de la pizza y dejar lo demás.
Me gusta quitarle el gas a la Coca-cola.
Me gusta mirar por la ventana sin más.
Me gusta el color del otoño.
Me gusta la nieve.
Me gusta coquetear.
Me gusta provocar.
Me gusta tentar.
Me gustan las tentaciones.
Me gusta lo prohibido.
Me gustan los riesgos.
Me gustan los aviones.
Me gustan los pantalones anchos.
Me gusta sonrojarme.
Me gusta ilusionarme.
Me gusta soñar despierta.
Me gusta acostarme tarde.
Me gusta dormir hasta tarde.
Me gusta decir cosas sin sentido.
Me gusta hacer cosas sin pensar.
Me gusta improvisar.
Me gusta imaginarme mi futuro.
Me gusta recordar mi pasado.
Me gusta modificar el día con la mente.
Me gusta entender a las personas.
Me gusta curiosear.
Me gusta jugar a ser pequeña.
Me gusta creer que existen las princesas.
Me gusta creer que hay un príncipe para mí.
Me gustan los peluches.
Me gusta hacer regalos.
Me gusta ver la felicidad de las personas.
Me gusta querer. Y que me quieran.
Me gusta leer.
Me gusta ver películas románticas.
Me gusta jugar a ser la protagonista de una peli romántica.
Me gusta disfrazarme.
Me gusta ir de fiesta.
Me gusta conocer gente nueva.
Me gustan los chicos guapos.
Me gusta pedir deseos a las estrellas fugaces.
Me gusta creer en el destino.
Me gusta (a veces) mi forma de pensar.
Me gustan las tortitas con nata.
Me gusta bailar por la calle.
Me gusta la Plaza Mayor en Navidad.
Me gusta (a veces) la Navidad.
Me gusta pasarme horas en el ordenador.
Me gusta retocar fotos.
Me gusta que lean lo que escribo.
Me gusta (a veces) ser el centro de atención.
Me gusta ponerme filosófica.
Me gusta hacer feliz a la gente.
Me gusta cambiar constantemente.
Me gustan las cosas imperfectas.
Me gusta complicar las cosas.
Me gusta que se preocupen por mí.
Me gusta jugar al chinchón.
Me gusta escuchar canciones cursis.
Me gustan las Jotas.
Me gustan las fechas.
Me gustan los mordiscos.
Me gustan los besos en el cuello.
Me gusta jugar con su pelo.
Me gustan los vaqueros caidos en los chicos.
Me gusta el invierno.
Me gusta el frío.
Me gusta la poesía.
Me gustan los colores.
Me gustan los fuegos artificiales.
Me gustan las miradas.
Me gusta mirar con desdén.
Me gustan las pecas.
Me gustan los ojos oscuros.
Me gustan los gatos.
Me gustan los secretos.
Me gustan las tonterías.
Me gusta dormir.
Me gusta salir.
Me gusta sentir.
Me gusta sonreír.
Me gusta releer Don Juan Tenorio.
Me gusta Tristán e Isolda.
Me gusta llorar en el cine.
Me gusta que llueva.
Me gustan los días nublados.
Me gusta estar enamorada.
Me gusta él.

jueves 24 de septiembre de 2009

Bedobleuve se hace viejo.

Porque hoy, veinticuatro de septiembre del dos mil nueve mi querido Bedobleuve cumple dieciséis años. Y yo no he podido estar a su lado para felicitarle como es debido...
No puedo decir nada que él ya no sepa. Son tres años los que llevo a su lado, o él al mío, depende de como se mire. Tres años con más de cinco millones de sonrisas; tres años en los que no me ha fallado nunca; tres años en los que me ha dado más oportunidades que nadie; tres años pidiéndole consejos sobre la vida... Tres años increíbles.
Cuando pienso que al principio no quería ser amiga suya me pongo mala. ¿Quién no querría ser amiga de Bedobleuve? Pero es que me daba cosa. Era tan grande, y tenía cara de pocos amigos. Y resulta que un día, no sé cómo, empezamos a hablar de los pokémon. Y así fue como Bedobleuve y yo empezamos a ser amigos, y cada día le saludaba con un eufórico "PIKACHUUUU".
Oh, que tiempos aquellos. Los echo de menos. Echo de menos sus gracias, su pasotismo, que se acople a una conversación en la que no se le quiere... Todo, lo echo de menos todo.
Esta mañana he llegado a clase y no estaba impaciente por verle entrar por la puerta y ser la primera en felicitarle de buena mañana, porque sabía que no iba a llegar. Es lo que tiene cambiarse de cole, que los pequeños grandes detalles se van perdiendo. Pero me he acordado de él. En todo momento.

Muchísimas felicidades, Bedobleuve.
Como dirías tú, eres como el vino: cuanto más pasan los años, más bueno te pones.
(no te lo creas mucho narcisista)
Te quiero.

domingo 13 de septiembre de 2009

Cuidado con Drii.

Drii es una persona como hay muchas en este mundo. Sí, ya sabéis, de estas personas a las que le encanta pasárselo bien, que si por ella fuera todo sería fiesta; una persona que suele ser simpática con todo el mundo y, como la mayoría de la humanidad, mira por su bien antes que por el de otros. Personas así hay muchas. Pero Drii no se queda solo en eso. Drii tiene otra faceta.
Ella es una chica responsable, o al menos hace por serlo. Cuando hay que hablar en serio, Drii se pone seria; cuando alguien está mal, Drii suele ir a ver a esa persona (siempre y cuando esa persona sea amiga de Drii), cuando no se puede ir de fiesta porque hay que estudiar, Drii se queda en casa y, a veces, estudia. Drii tiene las cosas claras, sabe lo que quiere y cómo lo quiere, y además es muuuuuuy cabezota: si a Drii se le mete algo en esa cabezita suya, Drii puede morir por defenderlo y/o conseguirlo.
Pero la cabezonería de Drii a veces es mala, porque si topa con otro/a cabezota se puede liar la de Dios. Y no exagero. Además, los cabezotas como Drii suelen ser muy muy orgullosos, y sí, Drii es muuuuuuuuuy orgullosa: puede acordarse de algo ¡durante años! Así que sí, Drii es algo rencorosa también. Y Drii enfadada tiene mucho peligro, así que CUIDADO. Aunque tengo que admitir que todo esto último lo soy yo también. Pero Drii y yo siempre nos perdonamos, porque somos como hermanas.
Con Drii he hecho mil locuras, como coger un tren para ver a unos chicos que al día siguiente se iban a Londres, su ciudad natal. Y muchas más cosas que no os voy a contar. A veces mis padres y los padres de Drii nos castigan sin quedar juntas, solas, porque siempre que lo hacemos pasa algo. Pero nunca es demasiado tiempo, porque Drii y yo siempre conseguimos escaquearnos de los castigos y que todo quede en algo más leve.
Drii y yo lo pasamos muy bien, con un tarro de nocilla y dos cocacolas podemos hacer de la tarde más aburrida el día más interesante de nuestra vida. Además Drii y yo tenemos telepatía, siempre terminamos las frases la una de la otra. Antes éramos muy iguales: nos gustaba la misma música, la misma ropa, los mismo libros... Ahora hemos cambiado, somos más diferentes. Ella tiene su estilo, más bien visto, más pijita... Y yo... pues bueno, yo y mis pintas, como dice ella. Pero hay algo en lo que nunca hemos coincidido y espero que nunca coincidamos: los chicos. Mi propototipo de hombre es algo así como: pálido, pelo negro/castaño oscuro, ojos negros/marrones oscuros (y, en ocasiones, verdes)... En cambio a ella le gustan los morenos, rubios, de ojos claros, pelo wash... En fin, el típico tipicazo que le gusta a prácticamente todas las mujeres de este planeta. Lo cual es bueno, porque así Drii y yo no nos pelearemos por ningún chico nunca.
Al contrario, Drii y yo nos peleamos porque una se mete con los chicos que le gustan a la otra. Y rectifico, Drii se mete con los chicos que me gustan, y eso me saca de quicio. Sí, sí, porque, haber por qué se tiene que meter ella con un chico al que no conoce, por lo tanto no sabe ni cómo es. Es, realmente, lo que más me molesta de Drii. Pero al final siempre lo solucionamos, porque las amigas siempre solucionan los problemas.
Además, yo quiero mucho a Drii.

martes 8 de septiembre de 2009

Yimay & Eme.

Yimay está raro, dice que no se siente él. Creo que es porque ha cambiado, la vida nos cambia, ¿no? A lo mejor eso es lo que le ha pasado a Yimay. Pero me preocupa. Me preocupa porque Yimay nunca se ha preocupado tanto por sí mismo sin preocuparse realmente por él. No sé si me entendéis, pero creo que da igual, yo tampoco lo entiendo.
Yimay siempre está ayudando por los demás, de hecho últimamente ha sido uno de mis mejores puntos de apoyo. Lo que pasa que Yimay cree que a veces tiene que ponerse serio con sus amigos, y no le gusta demasiado. A mí, sin ir más lejos, el otro día me hizo una prohibición. No lo hace a malas, es que cree que hace lo mejor para los demás. Como si prohibir algo fuera a impedirnos hacerlo. En mi caso, ya le he dicho que yo no sé; pero no soy yo quien le preocupa.
Le preocupa él pero por una tercera persona; creo. Es difícil entender a Yimay, y mucho más ayudarle. A mí me sabe mal, porque él siempre me ayuda a mí. No me gusta que Yimay esté así, me... Me asusta.
¡Como Eme! Cuando Eme se pone serio me cuesta reaccionar. Sí, porque Eme siempre está haciendo gracias, y yo me lo pasó muy bien con él. Pero a veces se pone serio conmigo y yo me quedo como bloqueada.
Ayer Eme dijo que me tenía envidia, pero por una soberana tontería. ¿Sabéis por qué me tiene envidia? Porque yo estoy plof y él no. ¿Os parece normal? Claro, a ver que le digo yo a eso. Pues que es tonto le dije, que estar plof no mola nada. Pero se queja porque dice que ya no se acuerda de lo que es estar plof, y que cuando se pone plof no le dura ni diez minutos. ¿Qué persona normal se pone plof por no poder ponerse plof?
Empiezo a parecer una niña pequeña con tanto plof. Nunca Yimay y Eme me habían preocupado: Yimay porque sabe salir él solito de sus problemas y de un día para otro ya lo ve todo más claro; y Eme porque directamente no tiene problemas. Pero parece que los dos quieren decirme algo y que yo no estoy en la misma órbita.
Hoy todavía no he hablado con ellos, porque tenían clase; pero espero que ya estén mejor. Creo que todos estamos empezando a cansarnos de la rutina de no hacer nada. Quizá volver a empezar nos venga bien.