viernes, 29 de enero de 2010

Mi persona favorita entre mis humanos favoritos.

Me gustaría poder decir que es alto, que tiene un alucinante pelo negro -negro petróleo-, que tiene unos preciosos ojos verdes en los que me pierdo cada vez que me mira, que su boca es perfecta cuando me sonríe, cuando aprieta los labios, cuando se enfada, cuando tuerce el morro, cuando se queda entreabierta, cuando me busca, cuando me besa, que la textura de sus labios supera al terciopelo o a la seda de mejor calidad que te puedas encontrar, que sus besos saben a sorbete de frambuesa, que su piel blanquecina parece hecha para mi piel de porcelana, que sus manos son las manos de el único artista que sabe como hacer de mi cuerpo una escultura -al recorrerlo-, que su voz es la única voz que parece música siempre -aunque me esté diciendo las cosas más horribles del mundo porque nos estamos peleando-, que su mente es un complejo laberinto que sólo me ha dejado descifrar a mí, que su corazón es el más puro y bondadoso del mundo -y que cuando escucho sus latidos el mío se sincroniza con el suyo-. Me gustaría poder decir que él es la única persona que es capaz de quitarme la respiración con solo rozarme, que sonroja mis mejillas con solo mirarme, que dibuja mis sonrisas a su antojo, que es capaz de hacerme llorar y reír a la vez, que dentro de su complejidad yo he sido capaz de escribir un manual, que a pesar de ir de duro por la vida, de machote, de maduro, de pasota y de borde que no cree en el amor y aborrece las cursiladas es el hombre más tierno, dulce, apetecible, adorable, romántico, protector y enamorado (de mi) que he conocido en mi vida. Me gustaría poder decir que yo también soy su persona favorita entre sus humanos favoritos y poder decir que estamos totalmente seguros de que lo nuestro es para siempre -pero de verdad-, que a su lado los te quiero superarán al paraíso y no me parecerá que el te amo nos venga grande -sino que nos quedará pequeño-. Y sobre todo me gustaría poder ponerle un nombre.
Porque no puedo, porque por suerte o por desgracia aún no conozco a ese hombre que llevo toda mi vida idealizando y que cuando aparezca me hará sentir que realmente el mundo es tan maravilloso como muchos dicen. En realidad me hubiera gustado poder decir que Jota -el inombrable- es mi persona favorita entre mis humanos favoritos; pero supongo que no puedo decir eso de una persona con la que hablo una vez cada dos meses. Además, Jota -el inombrable- fue mi primer amor, pero el primer amor no tienen por qué ser el amor de nuestra vida; y supongo que diecisiete son pocos inviernos como para haber encontrado al hombre que se quedará -a mi lado- todos los inviernos que me restan.
¿Cuándo vendrá?
¿De dónde vendrá?
¿Quién será?
¿Cómo será?
¿Se parecerá a mi prototipo,
o no se parecerá?
Ah, ¡cuántas preguntas sin respuesta! Y me pregunto aún otra más:
¿Cuánto tendré que esperar para poder responderlas todas?
Supongo que todos idealizamos al amor de nuestra vida porque estamos educados para enamorarnos, casarnos y formar una familia. ¡He pensado tantas veces en él, le he dicho tantas cosas sin saber quién es y le he prometido tanto que cuando vuelva no tendré ni tiempo para hacerlo todo! Realmente no podré creérmelo el día que aparezca. Y cuando le vea, sabré que es él. Lo sabré -no solo porque todo el mundo diga que cuando aparece sabes que será para siempre- porque estaré tan agusto a su lado que ni siquiera me acordaré de que estaba buscando a mi persona favorita entre mis humanos preferidos. Y cuando le encuentre vendré corriendo a contároslo.
Sí, es una promesa -de las que se cumplen-.

7 comentarios:

  1. una descripción muy poetica y precisa

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  2. de las que se cumplen!!! Di que si =D

    besos franceses

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  3. Espero que algún día llegue y me alegro de que haya gente que aun crea que vendrá. Yo tengo asumido que no lo hará :)

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  4. Con gente como tú, pienso que llegará.
    No te des por vencida. Es hermoso lo que piensas.

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